Amaneció una mañana deliciosa en San Sebastián. El sol en su máximo esplendor inundaba el feudo de Anoeta y el mercurio del termómetro se elevaba propiciando una sensación de calor extraña para estas fechas del norte. Por el contrario, en el otro extremo de la península, en Sevilla, llovía copiosamente en un día que prologa la festividad de la Semana Santa. El hecho aunque es anecdótico advierte la dificultad que, en ocasiones, implica desentrañar los caprichos del climatólogo. También en ocasiones, resulta difícil desemascarar los misterios que marcan la evolución de los partidos de fútbol. Se aferró a la vida el Levante en el coliseo realista en un enfrentamiento caracterizado por los golpes de infortunio y la contrariedad. De todos, los contratiempos salió indemne el grupo que prepara Juan Ignacio Martínez, principalmente del tormento que supuso afrontar la práctica totalidad de la segunda parte en inferioridad numérica sobre el campo tras la expulsión de Nikos, un hecho que empieza a adquirir cotidianidad en la hoja de ruta de la escuadra blanquiazul. Si se echa la vista atrás es posible confirmar que se trata de la octava jornada, de forma consecutiva, que la Real Sociedad concluye su duelo liguero con más jugadores que su rival sobre la superficie del campo. En esta ocasión, este contingente no fue definitivo. La versión más solidaria y colectiva del Levante emergió para mantener incorrupta una igualada que acercó al grupo al mismo edén cuando el colegiado decretó la conclusión de la cita.
El Levante afrontaba un encuentro complejo de disputar por el pedigrí y estado anímico de su adversario, notable y fortalecido por los resultados obtenidos, pero también porque ejerce de visagra entre el partido de la Liga Europea disputado ante Olympicos en Orriols, el pasado jueves, y la vuelta en Atenas del jueves venidero. No es fácil metamorfosear la condición de los futbolistas para sumergirse en cada una de las confrontaciones con el máximo rigor. El hecho implica un ejercicio de concentración y de seriedad, personal y grupal, porque cada competición tiene sus propias leyes. El Levante llegó a la cita dominical en Anoeta hechizado por la exhibición desarrollada ante el líder de la Liga Griega, pero con pocas horas de descanso para restaurar sus fuerzas. Quizás por esa razón, y en un intento por armonizar y democratizar los esfuerzos del bloque, Juan Ignacio Martínez decidió variar el paisaje del once establecido.
Las novedades afectaron a toda la geografía del campo, pero en especial se centraron en la retaguardia con el regreso de Ballesteros acompañado por Vyntra y con Chris y Nikos en las bandas. El capitán se mostró solvente actuando de caudiilo con la jerarquía que habitualmente destila. Vyntra es una de las sensaciones del mercado invernal. Quizás el componente que más se acentúa de su juego sea la concentración con la que se mueve por los alrededores del perímetro defensivo. Por detrás de todos ellos, Keylor en su regreso a la Liga demostró su competencia en distintas acciones; a quemarropa y desde la media y lejana distancia que probaron sus reflejos. No obstante, no pudo con Vela desde los once metros. La acción nació en una perdida de balón en la zona intermedia del campo con el Levante protectándose hacia los dominios de Bravo. El cuero cayó en las botas de Vela, quizás el jugador más desequibrante del universo realista. El atacante mexicano aprovechó el agujero existente para fabricar, en primera persona, un penati que fue acompañado por la polémica.
En ese punto indetectable donde se dibuja la cal del área, cayó el atacante. Nikos le tiraba el aliento, pero Vela ayudó a enzarzarse con la pierna del defensor griego. Hasta ese instante del relato del partido no hubo excesivas noticias de la Real Sociedad. El Levante consiguió desactivar a un bloque que nada en la abundancia desde la línea de medios hacia adelante, pero el grupo de Montanier no encontraba fisuras para imponer su velocidad ante un equipo pétreo y perfectamente posicionado. Griezmann y el Chory Castro no lograban jerarquizar los costados y Vela sufría ante los centrales granotas. Y la Real vive de la calidad de este terceto. El gol certificó el guion al que se ha enfrentado el Levante en las últimas apariciones como foráneo; como norma, inicia los partidos con mala estrella. Sin Barkero sobre el verde, en su antigua casa, Michel ejerció de enlace entre Iborra y Diop y Martins. El mediapunta exhibió su talento en Anoeta. Es un futbolista que hace temblar el suelo cuando entra en contacto con el cuero. Siempre hay indicios de que el mundo puede girar y cambiar.
Michel no se arrugó cuando se midió a Bravo desde el punto de penalti. Un pase filtrado de Oba Martins sobre la llegada en estampida desde atrás de Chris concluyó con Hernández Hernández apuntando en dirección hacia el punto fatídico. Chris fue arrollado por el Chory Castro en la lucha por el balón. Michel con frialdad ajustó el cuero sobre el palo izquierdo de la meta del portero chileno. El gol granota suponía un retorno al punto de origen. El Levante regresó del vestuario tratando de orientar el partido en función de sus necesidades. El choque presagiaba emociones cuando fue expulsado Nikos. La inferioridad llegó cuando la sociedad granota parecía imponerse a su rival. Michel crujió la escuadra de Bravo con un disparo desde la frontal del área. Es evidente que el encuentro cambió. Los roles de ambos clubes variaron. El Levante perdió de vista el arco de Bravo para centrarse en salvaguardar el entorno que cierra Keylor mientras que la Real Sociedad asumió el control de la situación y la tenencia del balón. Sin embargo, la inferioridad y la posesión indiscutible no plasmaron las distancias que podían presagiarse. El Levante dibujó dos líneas de cuatro que impermeabilizaron la meta de Keylor. El esfuerzo fue titánico y el orden una patente para garantizar un empate sabroso.