¿Recuerda cuál era su pensamiento en una soleada tarde del domingo 16 de septiembre de 2001? La mente de Javi Venta vuela a la velocidad del sonido para retornar en el tiempo a los albores del siglo XXI. Sus recuerdos son diáfanos. No tarda en exceso en fijar el marco cronológico y el espacio geográfico. El viaje que emprende le lleva de vuelta a Tenerife. Las coordenadas activan su memoria. Evidentemente se dibuja en su interior un campo de fútbol, un gran partido, la necesidad, el aliento por el balón y una victoria liberadora ante el Villarreal. Todo situado sobre la cornisa de la tercera jornada de la Liga 2001-2002. La evocación provoca placer. El defensor esboza una sonrisa que tratará de mantener inalterable hasta el próximo domingo por la noche cuando recapitula esta historia. Los paralelismos son absolutos. Y hay una singularidad más. Venta no volvió a vivir un partido de tales características.
Aquella tarde, incluido en el once confeccionado por Pepe Mel, Venta aplastó al Villarreal de Víctor Muñoz en el Estadio Heliodoro Rodríguez López con el escudo del Tenerife bordado sobre su pecho. Javi Venta marchó a la isla mágica con el fin de proseguir con el proceso de aprendizaje pautado por el Villarreal, su club de origen. Nacía el ejercicio 2001-2001. En año anterior había defendido los colores del Racing de Ferrol en el ámbito de la categoría de Plata. La Primera División se presentaba intacta y en todo su esplendor. Era un vergel por explorar. Era una experiencia novedosa que el futbolista ansiaba explotar en su beneficio. Eran jornadas sombrías en el plano internacional. El planeta se tambaleaba.
Una gran crisis de confianza azotaba al mundo tras la consumación de los atentados de Estados Unidos con epicentro en el Pentágono y con el hundimiento de las Torres Gemelas. El Tenerife asumía el retorno a la Primera División tras un pomposo pasado durante el primer tramo de los noventa, pero el amanecer de la competición no fue el más deseado por los estamentos del club tinerfeño. Las semejanzas entre el presente más candente de Javi Venta, como propietario de la elástica levaninista, y el ayer más distanciado en Tenerife se funden. Son especialmente concordantes por el guión diseñado. El grupo canario perdió la autoestima y la ruta de la victoria en las dos confrontaciones iniciales ante el Alavés (0-2), en territorio local, y frente al Celta de Vigo (3-0) en las enigmáticas tierras gallegas.
Huelga significar las sendas derrotas encadenadas de la escuadra granota contra el Sevilla y Getafe en el regreso a la elite después de dos temporadas de despiadadas batallas en Segunda División A. El domingo 16 de septiembre el Tenerife saltó al césped del coliseo canario con la decidida intención de reparar su honor y desbloquear el nivel de su ansiedad. En los rostros afilados de sus futbolistas se dibujaba la extrema necesidad. Era un choque entre rivales antitéticos. El Tenerife no había estrenado su expediente de triunfos y el Villarreal atravesaba por un estado anímico diferente tras coleccionar dos victorias tras la secuencia fijada ante el Rayo Vallecano y Osasuna.
Marioni monopolizó el despertar liguero del Tenerife. Su presencia y poder fue incuestionable. El argentino martirizó a la retaguardia castellonense en una tarde sideral. Fue su azote. Marcó los tempos y los dos goles, pero fue el triunfo del colectivo como resaltó Pepe Mel en sala de prensa. En aquel once sobresalía Javi Venta. La crónica del encuentro de El Mundo Deportivo acentuaba la consistencia defensiva del Tenerife. Portería a cero y tres puntos. Un axioma incuestionable. Venta acumulaba tres estrellas, el máximo galardón, en la ficha técnica. Su actuación resultó meritoria y trascendente.
Es la única vez que me he enfrentado al Villarreal. La verdad es que ganamos aquel partido. Lo necesitábamos. El componente de la retaguardia emprendió tras esa breve estancia en la isla un fecundo período como jugador del club del Madrigal. Su crecimiento personalizado fue exponencial al descomunal despegue de la sociedad amarilla en el fútbol español e internacional. No obstante, y pese a la pátina de brillo que adorna su pasado piensa en riguroso presente. Espero que se repita la historia de Tenerife. Me formé y crecí en Villarreal. Le debo mucho a esa entidad y tengo muchos amigos. Viví situaciones históricas, pero ahora pertenezco al Levante. Y necesitamos ganar, puntualiza con convencimiento.