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Primer equipo
Jordà rescata al Levante en los minutos finales
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A los enfrentamientos, como norma, puede llegarse bien desde la excelencia; es decir, desde una versión más bien coral y lumínica en la concepción del juego propuesto sobre la pradera verde o bien desde la fe más absoluta y la creencia en unos valores anclados que permiten ir sorteando contratiempos en función de las vicisitudes que van surgiendo en el relato abrupto de un duelo. El Levante en el feudo de El Sardinero eligió esta segunda alternativa para regresar a un partido que se le parecía escapar. Parecía un contrasentido que Nano, uno de los jugadores más regulares del presente curso, elevado a la categoría de mariscal en funciones por mor de la ausencia de Sergio Ballesteros acabara introduciendo el cuero en el fondo de la meta de Reina. Fue una de esas jugadas circenses que se repiten constantemente a lo largo de las confrontaciones. En su afán por aniquilar la acción, el balón dibujó una parábola mortal para los intereses de la sociedad azulgrana.

Y, a la vista de los acontecimientos, pareció otro contrasentido que la igualada obtenida por Rafa Jordà se produjera en los estertores de la cita tras una pifia de un defensor cátabro. Sucedió en el minuto noventa después de un grave error de Torrejón que el atacante aprovechó inmisericorde para superar a Toño. Luis García con el ingreso de Jordà introdujo toda la caballería pesada para apostar por una opción más directa, aérea y vertical del juego. Sin embargo, el atacante batió al cancerbero con un toque sutil y evanescente que se introdujo lentamente en el arco cántabro. En cierto modo, el Levante encontró en el Estadio de El Sardinero una representación análoga a sus caracteres sobre el interior del campo. Ese aspecto, claramente convergente, propició un choque singular, aguerrido, más caracterizado por el predominio del músculo que por el lirismo que desprendía el fútbol exhibido por ambas escuadras.

Es una evidencia que el Racing Club ha alcanzado en las últimas semanas bajo la sombra de Marcelino un plus de consistencia que le hace más fiable. Ahora es un equipo más fuerte y recio. Como sucede con el Levante, es una escuadra que basa su juego en un orden metódico. El Racing como el Levante es un equipo socializado, tremendamente solidario en el esfuerzo y con una querencia dominante hacia la colectividad. El Racing propuso un plan para tratar de atascar la conducción del balón en la medular blaugrana. El objetivo era que la línea de medios no tuviera incidencia en las tareas constructivas. Y sobre todo evitar transiciones veloces que pillaran desprevenidas a la defensa local.

Desde esa perspectiva, Marcelino optó por la guerra de guerrillas. El posicionamiento del Racing sobre el campo fue arquetípico de esa tendencia. El grupo se movía cartesianamente sobre el campo esperando el momento más oportuno para que un sector se abalanzara con rapidez sobre su oponente, principalmente sobre los centrales granotas, quienes no tenían más remedio que optar por disputar el balón en largo. Esa presión ofreció sus réditos. Al Levante le costó canalizar su juego, pese al despliegue de Xavi Torres y Pallardó. Con todo, no parecía justo que el Racing marchara al vestuario guarecido por el gol de Nano.

El gol, una auténtica prebenda, llegó sin que el bloque local pudiera contabilizar ocasiones reales sobre la portería de Reina. Así de paradójico es el fútbol. El Levante no perdió el rumbo fijado, pese a navegar en desventaja en el partido. Es otra de las constantes que caracterizan al club blaugrana. Nunca se rinde. Quizás porque se sabe protegido por los dioses del balompié. Su estado anímico se trasluce y se traslada al campo. Las siete bajas acumuladas por Luis García no menguaron la confianza del grupo. Los jugadores que aparecen por detrás mantienen el espíritu incólume y arrebatador que identifica al Levante. En el Sardinero fue Jordà el encargado de confirmar esta teoría. Apenas unos minutos después de acceder a la superficie agarró un auténtico puntazo.