Parecía una simple cuestión de tiempo. Sin embargo, la secuencia temporal fijada fue más bien corta en cierto modo debido a la sucesión de partidos, a la compresión que sufre la Liga BBVA en las semanas finales y a la imagen voraz y dictatorial del equipo sobre el rectángulo de juego. Esos tres aspectos se concatenan para convertir a Juan Ignacio Martínez en el técnico granota con más triunfos en Primera División tras encadenar la decimotercera del presente ejercicio en San Sebastián. La explosión de adrenalina del levantinismo ante el Villarreal el pasado domingo en el Estadio Ciutat de València situaba a Juan Ignacio Martínez en la esfera de Luis García en el asunto que hacía referencia al número de triunfos en Primera División. El gol de Xavi Torres elevaba hasta doce el expediente de victorias. La cifra emparentaba con el dígito alcanzado la temporada pasada.
Era el techo; el umbral máximo en el ámbito de la principal categoría del balompié en las siete temporadas contabilizadas por la entidad de Orriols entre la aristocracia. Obviamente, esa diana in extremis, producto de la magia y la genialidad de Rubén, en las acciones desde la estrategia, permitía explorar nuevos mundos con una singularidad más que notable; restaban todavía once batallas por el horizonte para reescribir la historia en la elite. Lo cierto es que el bloque se aplicó en la aventura que protagonizó en la jornada de ayer sobre el césped de Anoeta. Era el siguiente choque en el tiempo. No hubo que esperar más para fijar un registro que mejora las marcas anteriormente establecidas. Carlos Vela pareció clavar un aguijón en los corazones azulgranas cuando encontró una grieta en la defensa granota sobre la que acceder a los dominios de Munúa.
Esa acción no se convirtió en un paradigma. En ocasiones, hay jugadas que marcan tendencias en la evolución de los enfrentamientos. Y un gol en los minutos iniciales suele ser una rémora. No fue el caso. El Zhar se infiltró entre las líneas enemigas para dejar a Bravo a merced de Barkero desde los once metros. El jugador, formado en la cantera realista, con parsimonia y clarividencia no erró. Koné hizo el resto y Xavi Torres determinó la estructura final del marcador con el cuarto zarpazo de su cuenta particular en el curso en recorrido. Juan Ignacio desde la banda celebraba cada una de las dianas. Quizás en ese momento, e invadido por el sentimiento que emana de la batalla su mente no fuera más allá de los sucesos que se estaban dirimiendo sobre el verde.