Ochenta y cuatro años después de que todo empezará llegó el ocaso del mítico y legendario San Mamés. La disciplina del fútbol, como sucede con la vida, está compuesto de ciclos y nada parece eterno, pero esa ley parece desvanecerse y vulnerarse cuando se trata de uno de los escenarios más egregios del balompié nacional. El aura de San Mamés perdurará en el imaginario del fútbol. El mito comienza a recrearse desde el tiempo más presente. Y dentro de la eternidad, Juanlu alcanzó un hueco que le fagocita a la historia del coliseo rojiblando. El interior regresó a la convocatoria, saltó al verde en los minutos finales y emuló el recuerdo del mitológico Pichichi. Entre el gol del ariete de un Athletic en fase de vertebración, cuando la disciplina comenzaba a asomar por la Península Ibérica, allá por la segunda década del siglo XX, y la diana de Juanlu hay un margen de separación cifrado en casi cien años. Es evidente que el fútbol ha mutado, sus caracteres han variado, pero las emociones y el sentido de pertenencia y filiación a una entidad persiste. El pasado y el presente cruzaban sus destinos en una tarde de domingo de finales de mayo de 2013 en el feudo de San Mamés.
No era un partido secundario, por más que el envoltorio de la confrontación determinará la firma de una especie de armisticio entre los dos adversarios, desde un prisma competitivo, después de un curso repleto de heridas y magulladuras. Quizás en justicia, la vieja propiedad del Athletic, donde alcanzó celebridad y notoriedad el equipo bilbaino, hubiera necesitado un partido de mayor voltaje en su despedida. No obstante, San Mamés adquirió la solemnidad de las grandes jornadas. Y las citas con abolengo se perpetúan desde la misma noche de los tiempos. Se trata de un estadio que rebosa poética. Hay lírica e inspiración por los cuatro puntos cardinales de la geografía de la instalación. El tiempo pareció detenerse en los instantes finales y retrotraer la imagen del Levante a jornadas almibaradas cuando el contragolpe se convirtió en una herramienta que hizo terrible y reconocible al equipo de Juan Ignacio Martínez.
Por momentos, en la memoria azulgrana surgió la representación plasmada en Villarreal en una noche mágica que elevó al grupo a los altares de la clasificación en Primera División. Todo sucedió a la velocidad del sonido. El Athletic trataba de encarcelar al equipo azulgrana en torno a su área, ya en la fase final del duelo, cuando Juanlu conectó con Valdo y ajustició a Iraizoz ante la mirada melancólica de San Mamés. La acción fue una oda al contragolpe. Salida vertiginosa y final concluyente ante la portería rival. Por esos misterios, Juanfran volvió a anotar una diana con la vitola de histórica. En realidad, no es nada nuevo en su currículum en los postreros años. Las convocatorias más magnánimas van asociados a su efigie. El atacante suele dejar su rastro como la estela de los cometas cuando se aproximan a la tierra. El Levante hizo memoria en San Mamés aunque la tarde comenzó con contratiempos. Nikos no pudo iniciar el encuentro por culpa de una maldita lumbalgia que le dejó seco en el calentamiento.
Urgían soluciones de urgencia en una retaguardia esquilamada por las lesiones. Juan Ignacio improvisó coin la alineación de Dudka en el lateral izquierdo. No es un especialista en la materia, pero habrá que acentuar la calidad del partido disputado por el internacional por Polonia. Por el otro lado del campo la actuación de Héctor Rodas fue tan meritoria como estimable y convincente. El Levante recuperó esa consistencia que le guió con anterioridad con éxito por un sendero repleto de malezas. Algo desnortado en las últimas semanas, quizás había deudas que saldar en noventa minutos repletos de contenido y emotividad. La escuadra azulgrana se plantó con sabiduría en San Mamés y aguantó en pie las embestidas del bloque que prepara Bielsa. Keylor amortiguó con sus golpes distintos golpes susceptibles de aventurar el gol, pero el Levante decidió no claudicar y asaltar los muros de Iraizoz con determinación. Pese a las permutas y a la configuración de dos laterales inéditos, con Héctor y Dudka por los carriles, no se alejó del partido.
La reinvidicación comenzó con un dispario envenenado de Pedro Ríos que escupió el larguero con virulencia. El Levante se replegaba con orden y salía con agilidad hacia los dominios del arquero rojiblanco. Nada nuevo en la hoja de ruta del bloque de Juan Ignacio. Atrás Aduriz mantenía una continuada lucha contra Vyntra y Navarro y por delante Diop volvía a tropezar con el poste después de emular a los interiores y ganar la línea de fondo. El Levante fue cargandio su escopeta en el segundo acto mientras San Mamés se posiciobana en favor de Bielsa y de Toquero reprobando con pitos la entrada de Llorente. Por el camino, Muniain marcho del verde expulsado. El Athletic acrecentó los esfuerzos en el tramo final, pero se encontró con un activista como Juanlu para sellar la historia de San Mamés.