Acostumbrado a los desafíos superlativos, y a salir indemne de mil y una aventuras ante gigantes de ocho cabezas, el Levante afrontó con extrema naturalidad y con dedicación la confrontación ante el Real Zaragoza en el Estadio de La Romareda. Una idea pululaba por el interior de las mentes activadas de los jugadores granotas; tratar de recomponer una eliminatoria marcada por la diana conquistada por Aranda en los minutos finales de la cita que inauguró la confrontación en Valencia. Por el horizonte surgían noventa minutos que podían ser redentores. Nada parece imposible para este Levante. Y durante una hora, las huestes azulgranas mantuvieron el tipo y formaron parte del paisaje de un enfrentamiento que se quebró con la expulsión de Héctor Rodas. Con inferioridad en el marcador, tras el gol de Zuculini, y sobre el verde, los hechos más inmediatos sucedidos en las cercanías de la meta de Keylor Navas fueron de una convulsión supina por su dureza. La marcha del zaguero hacia el vestuario coincidió con la diana de Montañés. El golpe fue demasiado contundente.
El Levante trató de regresar al encuentro aunque no lo consiguió. Juan Ignacio optó por modificar la composición del bloque que intentó girar un choque que parecía mediatizado por el gol de Aranda en el Ciutat. Con respecto al duelo frente al Athletic Club es una evidencia absoluta que había modificaciones. Martins regresó al verde después de la sanción por amonestaciones que le impidió estrenar 2013 sobre el campo ante la sociedad vasca. Pallardó y Michel eran los encargados de la conducción de la medular con Pedro Ríos y Juanlu ubicados por los costados. Roger repitió en punta mientras que en la retaguardia Volta y Héctor Rodas se incrustaban en el eje de la zaga acompañados por Pedro López y Nikos. El Levante se batió con sinceridad ante un rival que también varió su bloque respecto a comparecencias ligueras.
Las dificultades no aplacaron los ánimos de los futbolistas azulgranas. Y en el vademécum de Juan Ignacio no aparece el verbo claudicar. El Levante es un equipo coherente y fiel a una filosofía que trata de mantener. Predomina el grupo y el aspecto colectivo sobre las individualidades. Se trata de un estilo y de una definición. Así que no varió el plan de trabajo que le permite respirar el aire más puro de la clasificación en Primera División desde la sexta plaza. El balón era para el Real Zaragoza, un equipo aseado cuando entraba Apoño o Movilla en juego, y algo más punzante cuando aparecía Aranda. El Levante se encomendó a Michel. Desde la medular trató de galvanizar el caudal ofensivo del equipo granota. Michel es el prototipo de jugador que genera dudas a los rivales porque siempre hay intención en sus acciones.
La sensación que trasmite es que siempre es posible que surja algo diferente cuando el cuero pasa acunado por sus botas, pero al Levante le faltó serenidad y más concreción en la concesión del último pase. El encuentro varió con la diana de Zuculini. La acción nació de un disparo lejano de Aranda que Keylor Navas no logró atajar. Víctor Rodríguez cabeceó por encima del meta costarricense y Zuculini machacó sobre la red a riesgo de invalidar la acción. El gol no descompuso al Levante que pareció entrar en acción en el prólogo de la segunda parte. El Zaragoza trataba de defender la renta mientras que la escuadra levantinista intentó ganar protagonismo. Roger avisó en el minuto final del primer acto, aunque la parábola que efectuó su disparo se marchó silbando por encima de la portería local. No obstante, la expulsión de Rodas y el gol de Montañés apearon a la sociedad de la Copa.