La fortaleza, la lealtad y la humanidad de Delia Bullido permanecerán en cada rincón del Levante
Obituario firmado por Emilio Nadal.
Recuerdo que la primera vez que hablé con Delia Bullido fue para recibir un buen chorreo. Debió de ser en el verano de 2001. Ella acababa de acceder a la jefatura de prensa del Levante UD y, nada más llegar, pasó un cuestionario a los periodistas que cubrían la información cotidiana del club en los medios de comunicación de Valencia.
Yo trabajaba entonces como redactor de deportes en Diario de Valencia y seguía la actualidad del Levante. El periódico se hizo eco de aquel cuestionario en un pequeño bolo. El escrito, sin firma, destilaba un cierto aroma de censura. Blanco y en botella, debió pensar Delia. Yo era el responsable de aquellas líneas. Lo curioso es que estaba de vacaciones cuando se publicaron.
Apenas acababa de sentarme en mi mesa, todavía atribulado por el regreso tras el paréntesis estival, cuando sonó el teléfono. Era lunes, a primera hora. En aquellos tiempos todavía había teléfonos fijos. Desde la centralita de Diario de Valencia me advirtieron de que tenía una llamada de Delia Bullido.
Entre la pesadumbre y la amargura de la reentrada entendí Celia Bullido. Recuerdo bien sus primeras palabras:
—Tú y yo vamos a empezar mal.
La verdad es que no entendía nada. Delia siguió hablando y yo no encontraba espacio para oponer defensa alguna. Cuando terminó la riña le expliqué que era ajeno a todo lo sucedido en los días previos a mi regreso. Estaba de vacaciones y no había leído la prensa durante el fin de semana. Me referí a ella como Celia y le pedí disculpas, en nombre del Diario de Valencia y en el mío propio. Al oír Celia en lugar de Delia todavía se enervó más, aunque he de confesar que, conforme avanzaban las explicaciones, el tono de su voz se fue mesurando hasta mutar de forma radical.
Aquel encuentro/desencuentro no provocó cicatrices profundas. No lo sabía por entonces, pero esta anécdota era el fiel reflejo de la personalidad de Delia. Podía ser guerrera y podía ser punzante. Podía ser explosiva. Y podía ser implacable, pero siempre miraba de frente. Delia era batalladora y racial, pero tremendamente leal. Siempre lo demostró con hechos.
Desde una perspectiva profesional acentuaría su condición de pionera. Delia era una mota de polvo en una disciplina altamente (exponencialmente) masculinizada. Si la brecha de género sigue siendo significativa en el mundo del fútbol cuando se han consumido 26 años del tercer milenio imagínense lo que sucedía por aquellos tiempos.
Delia fue una de las primeras mujeres en acceder a la dirección de un departamento de comunicación de un club en la órbita del fútbol profesional. Ese aspecto es importante para entender cómo fue evolucionando y cómo fue afrontando los alambicados retos que fueron surgiendo de forma inmediata a su incorporación a la disciplina del Levante.
En su desembarco como responsable de prensa del Levante sufrió la incomprensión de algunos colegas de profesión. El puesto que detentaba quizás fuera demasiado sabroso. Ante la hipocresía siempre reaccionaba con contundencia exhibiendo una fortaleza innata para seguir la senda del camino que se había trazado.
Quizás habría que plantear que Delia fue pionera por partida doble. A esa naturaleza de mujer en un entorno ‘hostil’ habría que unir el hecho de que accediera a un departamento que comenzaba su proceso de institucionalización en el ecosistema del fútbol. Todo estaba por hacer por entonces.
El departamento de comunicación del Levante no era nuevo, pero estaba en maitines por aquellas jornadas. Delia comenzó a fijar las cimbras del departamento de comunicación sólido y moderno del tiempo presente. Ese proceso tampoco estuvo exento de dificultades.
Su cometido inicial fue convencer a los dirigentes que regían los destinos de aquel Levante de la trascendencia y relevancia de la comunicación en el desarrollo global de la entidad. Y no fue fácil. En algunos instantes Delia sufrió la incomprensión intramuros, es decir en el seno de la institución.
Fuera de la profesión, era una mujer cercana y muy próxima, con un trato amable y sencillo. Era una persona que generaba confianza. Avezada lectora, disfrutaba con la literatura de su admirada Almudena Grandes.
La música era otra de sus grandes pasiones. Buñol siempre ha sido cuna de grandes músicos, y su conocimiento era docto. No hacía distinción entre la música clásica y otras especialidades. Delia podía hablarte con conocimiento de causa de la séptima sinfonía de Beethoven o de alguno de los discos de cualquier grupo de los años ochenta y noventa, en su versión nacional e internacional. Y era fiel seguidora de la banda valenciana Los Zigarros. Desde ese prisma, su conocimiento era realmente poliédrico y abarcaba infinidad de formatos.
Durante 25 años disfrutó del Levante en primera persona. Fue la jefa de prensa del ascenso de Chapín en 2004, que cerró una herida que turbaba la mente de los aficionados granotes. La sociedad de Orriols regresaba a Primera, saldando una deuda que se perpetuó durante cuarenta largos años. Disfrutó de ese momento en Jerez y también en las celebraciones que se desarrollaron en Valencia. Delia era una más de aquel conglomerado de futbolistas que se citaron con la gloria. Y repitió suerte con el ascenso de Lleida y con el retorno a Primera en el año del centenario.
No todo fueron éxitos. Sobrevivió a un contexto de crisis en 2008 y a una ley concursal que amenazó con dinamitar el club. Siempre salió indemne de todos aquellos movimientos que parecían devastadores. Supo recomponerse cuando abandonó la jefatura de prensa para integrarse en el departamento de comunicación.
Durante infinidad de temporadas, Delia acreditó a los periodistas que visitaban el Ciutat de València en las jornadas de competición. Fue la imagen del club en un sinnúmero de presentaciones. Y su mente no paraba de pensar cómo potenciar los contenidos digitales del club con entrevistas, reportajes o concursos con los jugadores como principales protagonistas.
En los últimos tiempos se había distanciado de su trabajo por una maldita enfermedad. Cada vez que nos veíamos me recordaba, parafraseando a Sabina, que le sobraban los motivos para seguir en la lucha. Me advertía que era del Levante y que los del Levante superamos todos los contratiempos habidos y por haber, porque somos ejemplo de una resiliencia absoluta.
Delia era amiga y compañera. Deja una huella imborrable. Su fortaleza, su lealtad y su humanidad permanecerán en cada rincón del Levante y en la memoria de quienes tuvimos la suerte de conocerla. Ese es el legado que Delia nos deja.
Obituario de Delia Bullido García por Emilio Nadal