Su mirada es feroz y punzante y su aliento es hiriente y lo demuestra en cada ocasión que puede cuando el calendario acompasa el camino del Villarreal y el del Levante en el interior de un terreno de juego. No surgen noticias especialmente encantadoras detrás de los enfrentamientos dirimidos por el Levante y el Villarreal. Principalmente desde los albores del tercer milenio. Al contrario; surge un hechizo que el grupo azulgrana pretende quebrar. La entidad amarilla arrasa con contundencia, al estilo de las plagas bíblicas del Antiguo Testamento, a la representación levantina en las últimas confrontaciones que pueden contabilizarse. Es un ejercicio que se repite. No hay compasión por parte de tan letal contrincante. Pero no hay temor. Advierten que no hay mal que dure cien años. Ni tampoco cuerpo que lo aguante. La plantilla del Levante se amotina para acabar con este anatema.
La sucesión de duelos dirimidos desde el arranque del siglo XIX se han saldado de manera apocalíptica. Las derrotas en el feudo de El Ciudad de Valencia y en El Madrigal se encadenan con la excepción del empate dirimido en las primeras semanas de la competición del curso 2006-2007 en tierras castellonenses en Primera División y la igualada saldada en el coliseo de Orriols en el curso 1999-2000 en la categoría de Plata en un choque que Tomislav Erceg pudo domesticar y que significó, a la conclusión del ejercicio, el ascenso del Villarreal a la elite. Y el grupo castellonense se quedó definitivamente en ese espacio comenzando un crecimiento estratosférico.
El resto de las confrontaciones enmarcadas en esa franja temporal se convierten en una sucesión de lágrimas y de constantes viajes a las calderas del infierno para las huestes granotas. Con el Villarreal como enemigo, posicionado sobre el césped del templo levantinista, confirmó el Levante de Bernd Schuster, en el último partido de la primera vuelta, la tendencia decreciente que caracterizó su rendimiento y su rentabilidad en la segunda fase del ejercicio 2004-2005. Y unos meses más tarde, a finales de mayo de 2005, en la confrontación que despedía la competición oficial en El Madrigal los negros presagios que se cernían sobre la entidad se cumplieron.
Aquel envite contó con un desenlace diametralmente opuesto. Los sollozos y las sonrisas eternas de los protagonistas eran fiel reflejo de lo acontecido. El Villarreal festejó el acceso a la Liga de Campeones mientras que el Levante tomó conciencia de su sino y de su nueva realidad retornando a la Segunda División A. Esta especie de maldición, con infinidad de ejemplos constatables en el formato liguero, se puede extrapolar a la esfera de la Copa de Rey de la temporada 2001-2002 en un partido marcado por la grave lesión de Palermo tras desvanecerse el muro de separación entre la grada y el campo después de anotar el gol foráneo. El Villarreal accedió a la siguiente ronda tras ciento veinte minutos de emociones y una dictatorial tanda de penaltis.
La noticia adquiere tintes aterradores y un mayor alcance y calado al comprobar que del listado de los veinte equipos que componen la actual Primera División, y sin perder de vista el eje temporal marcado, siempre acotando el arranque del tercer milenio, únicamente el Espanyol sigue una tendencia similar aunque es cierto que el número de enfrentamientos es menor. El Levante venció al Real Madrid en un partido inolvidable en Chamartín con Abel Resino en el banquillo. Al Barcelona, un adversario que provoca miedo y pesadillas, le puso en aprietos en los octavos de final de Copa en el curso 2003-2004 tras la victoria como local conquistada con un gol de Rivera. Y estuvo cerca de rasgar los pronósticos en el duelo de vuelta con el gol de Congo en los minutos finales.
Y como dejar en el olvido la titánica victoria frente al Valencia en El Ciudad de Valencia o los triunfos frente al Atlético de Madrid o Athletic de Bilbao. Y la nomina incluiría en algún momento determinado del despertar del siglo XXI, bien como local, bien como visitante, a cualquiera de los integrantes de la Primera División aunque algunos triunfos, léase los conseguidos ante el Sporting de Gijón o Almería, se han obtenido en un peldaño competitivo inferior. Xisco Nadal muestra su confianza y espera cerrar esta herida el próximo domingo. Confío en nosotros. El año pasado se demostró que con constancia y trabajo se consiguen los objetivos. Estamos preparados para ganar al Villarreal. Con una victoria todo cambiará.