Skip to main content
Primer equipo
Levante; a la estela del Real Madrid, Barcelona y Villarreal en el último mes de la competición
Aún no hay reacciones. ¡Sé el primero!

El punto de partida debe situarse en la tarde del miércoles veintidós de septiembre en el Estadio de Los Juegos del Mediterráneo de Almería. Quizás aquella jornada, dispuesta en la zona intermedia de la semana, no conjuga con la ortodoxia dominical que impera en el fútbol desde la noche de los tiempos, pero algún componente comenzó a cambiar en el universo conformado por el levantinismo. Aquel equipo de espíritu atormentado y de mirada perdida sobre el infinito en busca claves para entender el sufrimiento en el que se veía inserto desde que arrancara la Liga ante el Sevilla, agobiado y acuciado por un serial de derrotas con severos trastornos sobre su ánimo, despejó las dudas existenciales que le carcomían.

El gol de Sergio tuvo un efecto ciertamente sedoso. Fue gol redentor en el sentido religioso del término. Y permitió reordenar las ideas y el ecosistema azulgrana. Además contó con un valor añadido tremendamente descomunal sobre la psique de aquella escuadra de paso desnortado y de movimientos desconfiados en el retorno a la elite. Desde aquella fecha hasta el riguroso presente que se posiciona sobre el lunes del día del señor del dieciocho de octubre ha transcurrido un mes; un profundo océano en el cosmos granota. Septiembre desapareció con la sonrisa que propició el estreno de facto en el campeonato de la regularidad en tierras andaluzas que se implementó con una igualada ganadora frente al Real Madrid en el barrio de Orriols.

Octubre ha profundizado sobre ese sustrato marcado por la imbatibilidad que acompaña al bloque que gestiona desde el banquillo Luis García. El décimo mes del año nació con un empate en el Estadio Reyno de Navarra de Pamplona en un partido que parecía oscurecerse letalmente tras el gol de Pandiani. El Levante solucionó el regreso a la competición, tras el parón provocado por la obligada primacía del ámbito de las Selecciones, convergiendo con la victoria frente a la Real Sociedad (2-1) en condición de local. La escalada de la escuadra blaugrana en este eje cronológico es perceptible. Y hasta ejemplar por los hechos sucedidos. El grupo que se acomodó con estrecheces sobre el tapete del coliseo de los Juegos del Mediterráneo con su casillero por estrenar se presenta, sobrepasada la séptima jornada, con ocho puntos y en la zona media de la clasificación.

Es más que evidente la dimensión del salto. Y la productividad extraída por el colectivo azulgrana a esta secuencia máxime si se contextualiza su rica rentabilidad con el rendimiento del resto de clubes con los que comparte espacio. El Levante sigue la estela del Real Madrid, Barcelona y Villarreal, aunque el orden puede variar en virtud de la resolución del duelo que esta noche enfrenta al equipo amarilla ante el Hércules. Por detrás de este terceto se cuela el Levante; un visitante del todo inesperado a tenor del trágico y convulso nacimiento. El propietario de Orriols, con la suma de ocho puntos, supera en esta fase, al Valencia y Atlético de Madrid, con siete, o Athletic de Bilbao, Getafe o Espanyol, con seis.

Y dobla las prestaciones del Sevilla, Hércules, Almería o Sporting de Gijón. Y se aleja del Zaragoza, con dos puntos, o del Deportivo de La Coruña, con uno. No es sencillo el diametral cambio de rumbo experimentado por la entidad en un breve lapso temporal. Luis García acentuaba esa condición en la rueda de prensa con el latido del partido entre el Levante y la Real Sociedad todavía en pálpito. La catarsis puede calificarse de espectacular por la drástica transformación. El viraje ha coincidido con una secuencia de partidos ante adversarios con los que el Levante entronca. Es otro de los aspectos sobresalientes en los que habría que incidir. Quizás la lectura más importante sea la conciencia que ha mostrado el grupo en los choque ante teóricos iguales. A nadie escapa que la permanencia se dirime es ese tipo de confrontaciones.