Lois marchó en la noche del sábado de las catacumbas del Estadio Santiago Bernabéu con una camiseta de Lass Diarra entre sus pertenencias personales, con el dedo pegado al teclado de su teléfono móvil y con una sonrisa extensa de aquellas que advierten que la felicidad existe y, que en ocasiones, lejos de ser una percepción efímera, puede prorrogarse en el tiempo. La elástica del jugador del Real Madrid y el hecho de devolver la cantidad de mensajes que se congregaban en su celular, entre las diez y las diez y media, quizás se convirtieran en un símbolo fehaciente de las vicisitudes que el futbolista de la cantera azulgrana vivió en primera persona sobre el césped del coliseo madridista. Era el minuto setenta y nueve de la confrontación entre el Real Madrid y el Levante cuando desde el banquillo de la entidad granota se solicitó la presencia del centrocampista. Sal al campo y trata de disfrutar al máximo.
El mensaje era conciso, pero explícito. Luis García trataba de descargar de responsabilidad y de presión al joven jugador y le autorizaba para disfrutar de sus impresiones iniciales como miembro de la elite del fútbol español en un feudo regio y ante un adversario ciertamente excelso. Fueron las últimas palabras que Lois oyó antes de integrarse en el rectángulo de juego con la zamarreta azulgrana relevando de sus funciones a Xavi Torres en la medular como primerdivisionista. Fue un instante mágico y espiritual. Corto, puesto que apenas acotó unos escasos segundos, pero de una intensidad manifiesta que el protagonista interiorizó. Fue como cumplimentar el sacramento del bautismo en la versión futbolística. No sentí un gran nerviosismo en ese momento, argumenta el protagonista.
Mucho mayor fue el impacto que le causó el protocolo previo al inicio de la confrontación que cumplimentó escrupulosamente con el resto de la expedición desplazada hasta la capital de España. Me impresionó la salida del hotel, con los cánticos de apoyo de nuestros aficionados, la llegada junto al equipo al Bernabéu, entrar al reciento y pisar el campo minutos antes del partido. Te ves allí y es entonces cuando te das cuenta de la magnitud que tiene lo que te rodea. Todo eso marca bastante. Lois cerraba un círculo en el césped del Bernabéu. Es un sueño poder debutar en Primera División con el escudo del Levante. Una imagen, cumplida, y una evidente proyección para un exponente criado en la factoría de Buñol. Cuando llegué me incorporé al equipo infantil, rememora recuperando estaciones pasadas.
Fue el principio de un amplio y efectivo recorrido por los distintos equipos que configuran el entramado de las categorías menores del Levante. Pasé por los distintos equipos del cadete y del juvenil hasta llegar al filial. Y desde la Tercera División al Santiago Bernabéu en el ejercicio 2010-2011, con parada previa en la Copa del Rey y en los entrenamientos diarios del plantel. Por esos misterios del balompié, el Real Madrid va asociado a su memoria como futbolista. No hay que olvidar que participó en el choque de vuelta de los octavos de final del torneo del K.O en el Estadio Ciudad de Valencia. En Chamartín Lois tuvo alrededor de quince minutos para experimentar nuevas sensaciones. Le sobrecogió la fortaleza física de Ozil, uno de sus jugadores favoritos. Salí a taparle en una jugada y fui incapaz de llegar. Tiene una rapidez portentosa. Es mucho más rápido de lo que parece. Con el pitido final se cruzó con Lass Diarra. Le pedí la camiseta. Lois hizo ademán de marchar al vestuario y Lass le reclamó la suya. Lois accedió aunque era la elástica de su debut. ¿Cómo le iba a decir que no se la daba?, argumenta.