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Primer equipo
Los 25 zarpazos de Juan Ignacio en Primera División
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Para la ciencia de la cabalística el número veintinco surge de la combinación del dos y del cinco. No son dos números menores. El dos es la duplicidad o la multiplicidad. Surge como el antagonismo del uno y suele ir asociado a los pares. Para los pitagóricos representaba a la materia en contraposición del uno que simboliza a Dios. Por su parte el cinco representa el conocimiento; la sabiduría y va asociado a la figura geométrica del pentágono por aquello de las cinco puntas. Para la religión tenía una importancia cuantificable. No en vano, el nombre de Jesús se compone de cinco letras. Desde una perspectiva futbolística, el veinticinco va asociado a Juan Ignacio Martínez en el tiempo más presente de su estancia en la sociedad azulgrana. Desde un prisma numérico permite ratificar y constatar la cantidad de victorias alcanzadas en el marco de la Primera División tras despojar de la gloria al Athletic Club en el Estadio Ciutat de València después de los goles de Chris, Iborra y el Zhar que permitieron recomponer un partido que nació aristado tras la diana de Aduriz en los minutos iniciales.

El preparador de la escuadra granota, el más laureado como vencedor en el marco de la elite como conductor del banquillo granota, alcanza semejante cifra después de dirigir a las huestes del feudo de Orriols en cincuenta y seis confrontaciones desde su debut en la competición liguera en los días finales de agosto de 2011 en el Coliseo Alfonso Pérez de Getafe (1-1). El ciclo se compone a partir de las treinta y ocho jornadas del ejercicio pasado en conjunción con las dieciocho semanas correspondientes al curso actual. El veinticinco es, en este caso, fruto de una sucesión de victorias en un marco hostil y terriblemente complicado. La explicación es más mundana aunque no está desprovista de complejidad por todos los argumentos que hay que exhibir sobre el verde para subyugar al enemigo. El Levante ha conseguido pacificar a su adversario hasta en veinticinco ocasiones en la etapa de Juan Ignacio al frente de la plantilla.

No es una encomienda asequible abastar el triunfo como equipo de la Primera División. Y el grado de dificultad es mucho mayor para un club de los caracteres del Levante. La unión de estos dos dígitos, los triunfos y los duelos dirigidos, permite realzar tremendamente el significado de las veinticinco victorias obtenidas, principalmente por los porcentajes que sazonan el expediente personal del técnico alicantino. Una simple regla matemática acerca al preparador hacia el umbral del cincuenta por cien de los desafíos dirimidos solventados con el tributo de los tres puntos. Los términos porcentuales son espectaculares para una escuadra que compite ante oponentes que le superan en potencial económico y humano, si bien esta última variable podría minimizarse en función de los resultados logrados por la escuadra levantinista en esta postrera etapa que le sitúan en la misma órbita que otros clubes que triplican y cuadruplican su presupuesto.

Lo cierto es que el estreno victorioso de Juan Ignacio en el Levante fue tan relevante como explosivo por el ruido ocasionado y el polvo levantado, quizás avanzando, como una premonición, los hechos a posteriori marcados. Fue en la cuarta jornada del curso pasado frente al Real Madrid de Mourinho cuando el técnico inauguró el casillero de triunfos como preparador vinculado a la Primera División. Juan Ignacio escogió un momento histórico para dar su primer zarpazo. Koné dobló a Casillas con un disparo poco ortodoxo que alteró las emociones del Estadio Ciutat de València sumiendo a los aficionados en el éxtasis. Entre ese triunfo iniciático y cautivador y el duelo ante el Athletic se suceden infinidad de estados anímicos dominados por la conmoción. Y la memoria comienza a ser extensa aunque hay hitos que sobresalen por su significado; los siete triunfos encadenados; los goles en Villarreal validaron un liderato que convirtió la utopía en una sugerente realidad; la victoria ante el Athletic, en la última estación de la campaña pasada, situó al Levante en los confines de la Vieja Europa abriendo ante sí un mundo fascinante y desconocido. Y durante la actual campaña nadie olvida la asociación entre Martins y Munúa para coronar al Levante ante el Valencia en Orriols.