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Primer equipo
Los atacantes van ajustando el punto de mira
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Es una evidencia que ratifica la glacial estadística, si se analizan los dos últimos encuentros con presencia azulgrana en universo de la Primera División. Los choques, que se concatenan en el tiempo, ante el Almería, en el feudo del Ciutat de València, y frente al Sevilla, en el Estadio Ramón Sánchez Pizjuán, ofrecen un sinfín de noticias excelentes y de un calado notable. Es incuestionable que en ese ciclo de 180 minutos se produjo un incremento notable del balance anotador con traslación inmediata a los valores concitados en la clasificación general por parte de la sociedad de Orriols. Los números ratifican esta tendencia que podría calificarse de corte alcista una vez más. La escuadra que prepara Alcaraz nutrió su granero con cuatro puntos que prácticamente duplicaron los registros consignados con anterioridad. En ese espacio acotado, entre las jornadas décima y décimoprimera, la emoción que desprende el gol volvió a formar parte del catálogo de enseres exhibido por el bloque granota en el interior del verde.

Ese estado de agitación, que envuelve al colectivo por los réditos ofrecidos, estuvo capitalizado en última instancia por David Barral y Víctor Casadesús. De sus botas laceradas surgieron los goles que acorazaron un triunfo básico y determinante con el Almería como retador, en el escenario de Orriols, y la diana que rescató al Levante en el corazón de Nervión. El hecho consigna una nueva variable en virtud de los protagonistas del gol y permite argumentar otra tesis que marcha entrelazada; los atacantes van ajustando su puntería y comienzan a focalizar la acción final del gol. No es una situación menor y adquiere un rango sobresaliente. Barral marcó la ruta del gol en el primer acto del enfrentamiento ante la institución almeriense. El atacante estrenó su casillero anotador del curso 2014-2015 en un momento determinante desde una perspectiva global, pero también individualizada.

El gol parecía resistirse en exceso. No surgía por el horizonte más inmediato. No obstante, arribó ungido con las máximas condiciones y prerrogativas. David Barral ejerció de prestidigitador para esconder el balón, tumbar a su oponente, preparar el gatillo y ajusticiar la meta rojiblanca. Casadesús siguió su estela. El futbolista balear, reconvertido como delantero, tiene instinto cuando se posiciona en en interior del área rival. Parece un futbolista de todo indetectable. Sabe pasar desapercibido para materializarse surgiendo desdelas tinieblas. Su sutil intuición le sitúa en el frontispicio de los goleadores del ejercicio. Transformó un excelente lanzamiento de estrategia de Gavilán, que chocó en la madera ante el Almería, y aprovechó un tremendo barullo en las cercanías de la portería de Beto para silenciar el coliseo sevillista.

Es obvio que conoce los entresijos de su profesión y trata de explotarlos en su beneficio. Con Rafael en pleno proceso de recuperación, la pátina de brillo que lustra a los atacantes en fechas recientes es innegable, pero quizás fuera necesario acentuar el caudal de las ocasiones generadas en las últimas semanas. Quizás los goles sean un producto directo y proporcional a ese excedente establecido. Otra vez el protagonismo enfatiza el brillo que desprenden las figuras de Barral y Casadesús, los integrantes de la retaguardia azulgrana. La estadística vuelve a converger con este postulado. En cierto modo, los dos retroalimentan sus acciones. Barral se movió con soltura la tarde de Almería. Conquistó el gol, pero contó con opciones reales para ampliar los márgenes. La puesta en escena del duelo de Sevilla fue paradigmática: Casadesús rozó el gol en el primer cuero que acomodó. Después celebró la igualada. El jugador de las Islas Baleares ofreció ayer una respuesta a esta tendencia para repartir méritos entre el grupo. “El equipo está haciendo un buen trabajo y se refleja en los de arriba. Nos hacia falta ya tener ocasiones que ya las hemos tenido en estas dos jornadas”.