El último Vals que bailó de Barkero en Primera División en las filas del Numancia no fue testimonial, pese al descenso de la escuadra castellana. El atacante vasco dejó testimonio de sus cualidades y la estrecha relación que es capaz de mantener con el gol a partir de las doce dianas que diseminó por las treinta y ocho jornadas ligueras. Era la temporada 2008-2009 y el futbolista formado en la cantera de la Real Sociedad defendía el escudo del Numancia. Fue su postrera aparición en el marco de la elite, pero por el recorrido lució sus mejores enseres en escenarios egregios como El Nou Camp o el Estadio Santiago Bernabéu. Casillas y Valdés fueron dos de sus víctimas preferidas en aquel ejercicio. Aquellos goles reposan en la retina de los aficionados al fútbol y de ellos se acentúa su plasticidad y su belleza; fueron goles ortodoxos en cuanto a su ejecución.
Barkero mostró ante el Barcelona y el Real Madrid una de sus especialidades preferidas sobre el pasto verde recogidas en el vasto catálogo que conforma su currículum; una especie de patente que singulariza su condición como futbolista: los lanzamientos de estrategia. A balón parado José Barkero adquiere una peligrosidad extrema. Lustra su bota, pone en marcha su mente ejecutando diferentes fórmulas matemáticas, acaricia el cuero estableciendo una estrecha sinergia con esta herramienta mientras mentalmente se prepara para alojar el esférico en un ángulo al que el arquero no puede oponer resistencia porque desde una perspectiva física es imposible cerrar los espacios. Valdés y Casillas puedan dar fe de ese modo de proceder. Los cancerberos sintieron en sus carnes el dolor punzante de sus afiladas cuchilladas.
Nunca son insustanciales sus lanzamientos que proceden de una sedosa y letal zurda tallada en el vivero de Zubieta. Es un consumado especialista en estas lides del juego, tal y como ha demostrado a lo largo de su carrera deportiva en los diferentes clubes en los que ha militado. Siempre se ha caracterizado por marcar muchos goles desde la media y larga distancia. Es un valor seguro en este tipo de acciones. Para un equipo como el nuestro es muy importante contar con un jugador de estas características. Es un recurso que nos puede dar puntos durante el desarrollo de la temporada, asegura Javier Pereira, segundo entrenador del Levante. Lo cierto es que los famosos barkerazos se han dejado sentir desde la epifanía de su aparición como jugador profesional. En el Mundial de Japón de 1999 dejó muestras de su inmenso talento en esta clase de lances. Apenas se habían consumido cinco minutos cuando Barkero embocó el esférico en la meta nipona.
España ganó con autoridad a su oponente coronándose como la mejor Selección Sub20 del planeta. Fue el punto de arranque; el principio de una carrera deportiva que partió con la conquista del Mundial de Nigeria. Barkero, por aquellos días, estaba destinado a guiar los designios de La Real Sociedad aunque se encontró con la figura mayestática de De Pedro. Dos elefantes destinados a luchar por ubicarse en una misma baldosa. La lucha fue titánica y Barkero tuvo que emigrar en busca de minutos. Comenzó un período itinerante por Eibar, Toulouse y El Ejido. En Albacete recuperó su ascendente y embrujo alojado en la banda izquierda. La esencia del gol volvía a emanar de sus botas. Y el Numancia fijó su mirada en el atacante
Nada cambió en su periplo por el feudo de Los Pajaritos. Su influencia sobre el colectivo era cada vez era mayor. En la entidad Soriana regresó a Primera División y volvió a exhibir sus cualidades en los complejos deportivos más laureados aunque su estancia fue efímera. El curso pasado, en Segunda División A, su polivalencia le llevó a moverse por todos los puntos cardinales de la delantera con notable éxito como acentúan los goles conseguidos que se conviertieron en un salvoconducto para inscribirse en el Levante. Barkero regresa a la máxima categoría y amenaza con volver a exhibir la naturaleza de sus barkerazos. Valdés y Casillas ya están aleccionados. Ellos saben de qué va el tema.