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Primer equipo
Martins sueña con volver a volar por el cielo de la Vieja Europa
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Héctor Cúper reaccionó con rapidez. Los problemas parecían sucederse tras las lesiones concatenadas de Vieri y Hernán Crespo. El Inter de Milan se jugaba la vida en los octavos de Final de la Liga de Campeones ante el Bayern Leverkusen en tierras alemanas sin sus principales referentes en ataque. El técnico argentino recurrió a un futbolista que literalmente se salía cada domingo disfrutando del fútbol en la filas del equipo primavera. Corría a la velocidad del sonido, su potencia era descomunal y no estaba mal dotado desde una perspectiva técnica. El perfil presentado, es una obviedad, responde a las credenciales que caracterizan a Obafemi Martins. El escenario era majestático. Con 18 años, cuatro meses, y 22 días, el delantero se disponía a liderar la retaguardia de un histórico del panorama internacional en un duelo que nacía electrizante por el contenido y el significado que encerraba.

Aquella jornada, miércoles 19 de marzo de 2003, a Oba no le tembló el pulso cada vez que se asoció con el esférico. Tampocó se le vio especialmente atenazado por las emociones derivadas de la confrontación. Es evidente que no le afectó la responsabilidad en el BayArena. Partido grande y formato excelso el que mostró el ariete sobre el verde ante la mirada de 22.500 espectadores que abarrotaban las gradas del coliseo germano. Apenas treinta y seis minutos de la confrontación fueron suficientes para dejar impreso su distintivo en forma de gol que celebró con seis cabriolas dibujadas sobre el cielo de Leverkusen. Y repitió fórmula, es decir; diana y celebración ante el Milan en las semifinales de la Champions League en otro duelo titánico. El hecho le valió una dura reprimenda del preparador argentino, que temía una lesión en ese tipo de festejo, y de su entorno más cercano, pero la UEFA abrió los ojos y vio un filón.

El organismo europeo captó esta imagen, una manera totalmente personal e intransferible de manifestar la emoción del gol, para su campaña de promoción de la Liga de Campeones 2003-2004. Han pasado diez años desde su conversión en futbolista vinculado a las competiciones europeas. Martins supera los cincuenta partidos en el ámbito de la Vieja Europea contabilizando los choques de la Liga de Campeones y Europea League materializados con distintas camisetas ajustadas a su piel. Y cuenta los minutos y los segundos que restan para el inicio de la confrontación ante la escuadra griega en el Ciutat. “Llevo mucho tiempo esperando este partido. Estoy preparado y listo para jugar”. No es la primera declaración en tal sentido que defiende. En la previa del duelo ante el Real Madrid, en conferencia de prensa, aludió al desarrollo de la fase de grupos instando a sus compañeros a realizar un esfuerzo suplementario para acceder al umbral de los dieciseisavos de Final; el punto que significa su retorno, toda vez que se comprometió con el Levante en septiembre y no podía afrontar el primer recorrido de la Liga Europea.

Martins es una seria amenaza para la estabilidad de Olympiacos. Michel sabe de su peligrosidad en las cercanías del área. El preparador no esconde la transcendencia del jugador africano en el ecosistema del juego granota. “Es un caso parecido a Caicedo. Son futbolistas que se reinvindican con la camiseta azulgrana. Tiene mucha calidad”. Martins, que ha seguido como actor secundario la evolución del Levante en los choques ante el Twente, Hannover o Helsingborg, aspira a adquirir un rol superlativo en la aventura que emprende. El pasado y las confrontaciones sumadas le avalan, si bien acentúa el espíritu colectivo que embarga al Levante. “Estoy aquí para hacerlo lo mejor posible, pero el Levante tiene mucha experiencia. Mis compañeros lo hicieron muy bien cuando yo no estaba en la fase de grupo”. Y en su mente sólo surge el verbo vencer. “Ellos han jugado partidos en esta competición y tienen experiencia, pero debemos ganar”.