Skip to main content
Primer equipo
Meritorio Levante
Aún no hay reacciones. ¡Sé el primero!

Bien pronto pudo comprobarse que no iba a ser un enfrentamiento de sencilla resolución para ninguno de los dos oponentes. La lluvia, que prácticamente no paró de cesar durante toda la jornada del domingo, añadía un punto de épica a la confrontación al convertir el tapete verde en una superficie compleja para la práctica ortodoxa del fútbol. El Real Madrid partió en Orriols, al filo de las nueve y media, a una distancia de once puntos con respecto al Barcelona. Y durante bastantes minutos parecía que esa diferencia se convertía en una frontera infranqueable, un aspecto que acentúa la naturaleza y la dimensión del partido disputado por los pupilos de Juan Ignacio Martínez. Y la exigencia fue mayúscula para un Real Madrid que parecía al borde del colapso cuando el cronómetro sobrepasaba el minuto ochenta del duelo. El gol de Ángel restituyó la igualada rota por Cristiano Ronaldo en el primer tramo del capítulo inicial. La Liga se consumía para el bloque blanco hasta que apareció Morata por el interior del área azulgrana para rubricar un triunfo entre signos de interrogación. En ese instante, el Levante comenzaba a degustar una igualada que había sabido trabajar. La grada del Ciutat de València, pese a la derrota, comprendió el honrado y titánico esfuerzo de sus gladiadores tributándoles un merecido homenaje una vez decretada la finalización de la confrontación.

Era una evidencia que había que adaptarse a las circunstancias para tratar de sobrevivir en un enfrentamiento intenso y hostil desde su misma anunciación. Era la primera premisa; una especie de condición indispensable para mantener el pálpito. Desde esa perspectiva, los dos equipos trataron de luchar con sus armas por la adquisición del triunfo. La puesta en escena de las escuadras fue realmente potente. Llegó con celeridad el Real Madrid a las inmediaciones de Munúa y ejerció el derecho a réplica el once blaugrana en dos acciones casi consecutivas que cautivaron al Ciutat. Martins, en el corazón del área madridista, abrió hacia la izquierda sobre la incorporación de Juanlu, quien disparó por encima de la meta de Casillas. Minutos más tarde una indecisión entre el arquero blanco y los centrales propició que el gol rondara por la portería del capitán de la Selección Española. El Levante apelaba a la raza y al efecto sorpresa para plantarse en las cercanías de Casillas.

La incesante lluvia, y el consiguiente barro, que recreaban la atmósfera de un fútbol ya olvidado, advertían de las cuantiosas dificultades para conducir el esférico, si bien ese contingente no era un inconveniente para que Xabi Alonso moviera el cuero con una diligencia extrema. Di María encontró una autopista por el carril izquierdo del Madrid e inició una veloz carrera, pero el balón se quedó varado en el agua. No era el mejor escenario para contribuir a la nobleza del juego. El césped no era el principal aliado de los futbolistas. A esas alturas del partido quedaba claro que en su resolución las acciones a balón parado podían adquirir la condición de decisivas. No tardó en concretarse esta hipótesis. Lanzamiento de estrategia de Xabi Alonso que rebota en los defensores azulgranas y alojó Ronaldo en el interior del arco de Munúa. El cuero cayó inmisericorde en las botas del portugués. El atacante no erró prácticamente a quemarropa. Fue un golpeo contundente que hirió el corazón del Ciutat.

Ronaldo y Callejón instalados en el eje del ataque exigían a la retaguardia local. En el costado contrario, Martins trataba de encontrar algún resquicio por el que colarse. El Levante, pese al tremendo esfuerzo físico del pasado jueves ante el Twente, en duelo adscrito a la Europa League, no desfalleció. Su generosidad no tiene límites como suele demostrar en cada confrontación. Su intención era llevar el partido al límite del esfuerzo. Barkero y Juanlu avisaron de las intenciones locales en el amanecer de la reanudación. Casillas voló con elasticidad para neutralizar sendas acciones que, no obstante, resucitaron a la grada y al grupo. Fue el preludio del empate. No estaba en el campo Ronaldo, pero sí que estaba Ángel. El atacante relevó de sus funciones a Nabil El Zhar. Martíns vio la llegada del canario y el delantero cruzó ante Casillas. El partido regresaba al punto de origen cuando apenas quedaban 25 minutos para su definitiva  finalización.

El duelo entró en una nueva dimensión. El tramo postrero fue realmente trepidante con los dos equipos tratando de explotar sus cualidades. Kaká conectó con Callejón y el árbitro decretó penalti. La figura de Munúa se agigantó en una milésima de segundo mágica. El arquero adivinó el lanzamiento de Xabi Alonso y rechazó el esférico con una felina estirada. La grada rugió y los decibelios del estadio aumentaron. Juanlu estuvo más clarividente que Albiol y se plantó ante Casillas aunque su disparo marchó lamiendo el palo. El Real Madrid bordeaba el precipicio. Y parecía precipitarse. La Liga se oscurecía. Mourinho decidió incluir a Morata en el partido. El canterano no tardó en exceso demostrar que el relato del gol es un componente que le pertenece. Morata picó un lanzamiento que procedía del costado zurdo del ataque madridista. Y le dio la vida al Madrid para mortificar a un heroico Levante.