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Primer equipo
Murciélagos y granotas contra dragones en los octavos de Final de la Liga Europea
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Murciélagos contra dragones sobre el verde del Estadio Ciutat de València en la apertura de la eliminatoria de los octavos de Final de la Liga Europea. Se trata de presentar la confrontración entre el Levante y Rubin Kazan desde la perspectiva que marca la heráldica de los escudos de cada uno de los contrincantes. El blasón del Levante está enmarcado por la figura del murciélago con sus alas desplegadas, símbolo inequívoco y representativo de la ciudad y un elemento que ya aparecía reflejado en los míticos escudos del Gimnástico y del Levante F.C. en los tiempos tornasolados de la vertebración de la disciplina del balompié en la capital del Turia allá hacia la segunda mitad de la década de los años veinte y treinta. Por su parte, el emblema de Rubin Kazan es el legendario dragón Zilant, una tradición que establece una estrecha sinergia entre el club y la ciudad de Kazan.

De hecho, el folclore popular, de origen tártaro, vincula a esta criatura legendaria, representada entre un dragón y un dragón heráldico, con el nacimiento de la urbe bañada por el Volga. Desde 1730 brilla como símbolo oficial de Kazan y luce con orgullo sobre el corazón de los jugadores de la escuadra rusa cada vez que se posicionan sobre el césped. Quizás para completar la representanción iconografía de los oponentes, centrados en este caso en el Levante, habría que incluir la granota. La rana como tal no forma parte de los distintivos que identifican el escudo del Levante, si bien se convierte en uno de las imágenes que personalizan a la institución. Desde ese prisma, y apelando a la iconografía; murciélagos y granotas contra drágones en busca del desafío de los cuartos de final de la Liga Europea en el Ciutat.

Lo cierto es que el Levante regresa a la competición que sanciona su paso por el Viejo Continente ungido con la condición de único superviviente y representante del fútbol español después de la prematura desaparición del Athletic Club, en la fase de grupos, y la caída del Atlético de Madrid, en la eliminatoria de los dieciseisavos de Final, precisamente ante Rubin Kazan el contrincante que marca el destino levantinista. En su primera aventura por el Viejo Continente, y después de atravesar por la fase previa en su último nivel, eliminatoria que le vinculó con el Motherwell escocés a doble confrontación, saldada con dos incontestables triunfos, el Levante fue superando escollos y contradicciones sobre el terreno de juego hasta lograr plantarse en las rondas definitivas de la competición.

El club granota, un neófito sin experiencia cuantificable en este ámbito en el que se inserta desde el pasado mes de agosto, luchó contra adversarios con mayor potencial acostumbrados a desenmascarar los misterios que conllevan este tipo de confrontaciones. Sin embargo, su espíritu de rebelión se manifiesta en este universo en su máxima expresión. El Levante se despojó de complejos y de los corsés que pudieran atenazarle para zambullirse en una experiencia edificante, a la vista de los resultados obtenidos en la secuencia competitiva. El miedo a lo desconocido no fue una sensación experimentada por el colectivo. Y sus emociones se canalizaron y se trasladaron al interior del pasto. Quizás el arquetipo de esta propensión fue el partido que finiquitó la fase de grupos.

En el coliseo de Orriols el Levante buscó el liderato ante el Hannover 96 con la condición de equipo adscrito a los dieciseisavos ya conseguida, un aspecto que acentúa su contundencia y su comportamiento. Y un par de meses más tarde fue capaz de acabar con Olympiacos en el mismo Pireo. “No somos favoritos”, advirtió Iborra en rueda de prensa cuando etiqueta la confrontación ante Rubin. “Ellos tienen más experiencia. No sabemos cuándo volveremos a competir en Europa, pero tenemos una oportunidad y hay que dejarlo todo para aprovecharla”; relató el mediocentro. La lucha se antoja titánica. Las imágenes iconográficas resaltan una batalla entre murciélagos y granotas contra dragones.