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Primer equipo
Otro castigo muy duro en el Villamarín
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Quizá el futbol demostró una noche más, esta vez sobre el verde del Estadio Benito Villamarín, que, además de incierto, impredecible y hasta injusto en su resolución, su único horizonte viene determinado por la consecución del gol. En realidad, no hay otro predicamento que resulte tan capital y a la vez tan determinante. Su poder de seducción es fascinante. Se trata de una de esas verdades dogmáticas que parecen irrebatibles. Su destino está regido por el gol. Y nada lo puede difuminar. Ni tan siquiera que uno de los dos actores sea capaz de empequeñecer a su contrario durante buena parte del relato de la confrontación. Algo así aconteció en el feudo de la sociedad bética en un sábado de final abrupto y cruel. De nada sirvió la enérgica puesta en acción del grupo que lidera Rubi, ni las ocasiones fabricadas por el grupo azulgrana en las cercanías de la meta de Adán, principalmente en el primer acto del duelo, ni esa sensación de superioridad con la que marcharon los jugadores azulgranas al vestuario tras la disputa de los cuarenta y cinco minutos iniciales. El partido lo resolvió Rubén Castro de manera certera y clara en una jugada aislada que no pareció guardar similitudes con nada de lo que había sucedido con anterioridad desde un prisma bético.

El gol marcha asociado a la figura del ariete canario. Los años pasan, pero hay cuestiones que parecen eternizarse. Rubén Castro se elevó al cielo sevillano para castigar con crueldad a una escuadra que volvió a purgar penas básicamente por la falta de instinto y de clarividencia en los últimos metros. Nada parecía predecir el tanto local en ese instante del enfrentamiento. El Levante controlaba la situación. Sobre el césped mostraba más fútbol, más rigor en el trato directo con el balón y mucho más orden y jerarquía. Se trataba de lograr desactivar a Molina y también a Rubén Castro de los centrocampistas, para minimizar sus prestaciones y su poder en las cercanías del área, y evitar las estocadas por la banda de Joaquín. El campo se hizo especialmente profundo y alargado para los jugadores locales. La medular parecía un páramo. La grada se exasperó y alzó la voz como síntoma de descontento. El Betis no estaba cómodo sobre el pasto. Su fútbol era desacompasado.

El Levante se movió con soltura, pese a su estado vital. No era un equipo ensimismado. Apenas se sintió exigido en tareas defensivas y se lanzó en dirección hacia los dominios de Adán desde el mismo nacimiento de la cita a sabiendas que la victoria significaba enjugar, y de forma ostensible, la distancia con respecto a la frontera que marca la permanencia. Con Deyverson en el banquillo, fue Verdú quien se encontró con un balón sin propietario en el interior del área pequeña. El atacante catalán erró en el disparo. El Levante fue arrinconando con audacia a su adversario. Y conforme se sucedían los minutos se sentía más seguro. El Betis era incapaz de salir desde atrás con precisión. El colectivo granota fue adquiriendo consistencia y fuelle. Rossi provocó el pánico del Benito Villamarín tras romper por la parte izquierda del ataque blaugrana. Su disparo chocó en el exterior de la red.

Minutos más tarde Verdú buscó asociarse con Rossi. La acción concluyó en un saque de esquina que prologó un remató certero de Medjani. La respuesta de Adán fue tan impoluta como impecable. El Levante acabó el capítulo inicial con una sensación muy cercana a la frustración. La valentía del juego vertebrado no lograba plasmarse en el marcador. Nada cambió en la reanudación. Los parámetros se mantuvieron inalterables. El Levante parecía más asentado que su rival y gozó de varios contragolpes que no fueron bien interpretados en la consumación definitiva. La igualada se mantuvo hasta que apareció Rubén Castro para sumir al equipo azulgrana en la zozobra. Restaban diez minutos y Rubi apostó por la artillería pesada con la aparición sobre el campo de Deyverson y Morales.


Real Betis:

Levante UD:

Árbitro: Prieto Iglesias; Amonestó con amarilla a N'Diaye, Charles, Bruno y Cejudo por el Betis y a Juanfran, Pedro López y José Mari por el Levante.

Goles: 1-0. M. 81. Rubén Castro.