Cuando todo parecía estar perdido en el Ciutat de València surgió la capacidad indómita de resistencia que está caracterizando en el tiempo más presente al Levante para dinamitar con fe y tesón una nueva confrontación liguera que se marchaba. Asomaba el negro abismo por el coliseo de Orriols. Era uno de esos momentos determinantes que se suceden a lo largo de un encuentro, o quizás uno de esos instantes que pueden marcar la evolución de un ejercicio en su máxima extensión. La competición liguera empieza a no conceder nuevas oportunidades de redención. Su final asoma por el horizonte, aunque restan infinidad de batallas para alcanzar su definitivo ocaso. No obstante, los golpes empiezan a adquirir consistencia. Ya no hay vuelta atrás; una mirada dulcificante hacia los orígenes en busca de soluciones. Ese tiempo queda muy lejos. El cielo se turbó. Como advierten las profecías, todo parecía derrumbarse alrededor del Levante. El gol de Saúl Berjón apagó las luces de la instalación azulgrana. Se medía, en algo más de media hora, la capacidad de reacción del grupo, pero también la fortaleza mental de cada uno de los jugadores que lucían la casaca blaugrana para sobrevivir. No es fácil convivir con esa sensación que implica bordear el precipicio y regresar; una y otra vez y así durante el desarrollo del curso.
Es evidente que el Levante salió indemne de esas dos interrogantes que fluctuaban por el feudo de Orriols. Los goles de Barral y Uche demuestran la rebeldía y la no aceptación del orden impuesto. La victoria en sí certifica el orgullo y la potencia de la psique blaugrana. Y no es sencillo manejarse con esa presión añadida que amenaza con oprimir el pensamiento. El paisaje del partido mudó en apenas dos minutos. A micro-escala habría que resaltar los goles de Barral y de Uche. Ya se sabe que esta disciplina acentúa el valor del gol y aumenta la cotización de los goleadores, pero habría que incluir en el relato a Nabil El Zhar. A macro-escala su aportación no fue secundaria. Ni menor. El atacante marroquí emergió desde el banquillo con el partido malherido para conmocionar y zarandear al Eibar y agitar a la grada y al resto de sus compañeros. El Zhar enarboló la bandera de la resistencia y de la reconquista. Primero sitió a su adversario. Después maniató a la defensa armera para conceder dos acciones resueltas por Barral y Uche.
Todo aconteció a la velocidad del sonido; con vértigo sobre un escenario entregado a la causa de la remontada en la clasificación general. El Zhar metió una velocidad al duelo. Sus secuelas fueron inmediatas para desnortar a un Eibar que parecía en condiciones de cambiar el rictus serio que le acompaña durante las últimas semanas. En realidad nada aconteció durante el primer capítulo. Rubén trató de agitar el enfrentamiento desde el costado izquierdo del ataque azulgrana. En esa fase de la cita el Levante fue algo previsible en sus movimientos. Barral y Uche basculaban por la retaguardia en busca de espacios que nunca llegaron a materializarse. Los laterales recorrieron el campo para llegar a la línea de fondo y servir infinidad de centros que atajó sin problemas Jaime. Eran malos tiempos para la imaginación. A veces la necesidad genera escasez y penuria. El miedo podía mascarse en cada pase y en cada resolución.
Es evidente que el Eibar ha perdido ese resplandor que le caracterizó durante el primer acto de la competición. Entonces se sentía a salvo de contingentes inesperados. Los dioses estaban de su lado. Ahora mira con temor el futuro. El nacimiento de 2015 está siendo muy duro. El Levante se aferra al Ciutat para encontrar razones que le permitan alimentar con hechos su estancia entre los grandes una temporada más. Ha roto sus cadenas y ha olvidado sus temores. Al límite de sus posibilidades, sabe que lucha desde las trincheras y que no puede perder la fe. Lo hace con pasión y frente al Eibar forzó la tercera victoria consecutiva. No obstante, tuvo que dar un nuevo paso al frente y desechar el pánico y la alarma que le generó la diana de Saúl Berjón. La espectacular volea del jugador armero fue contestada por Barral y por Uche. El Zhar se deslizó entre los contrarios para habilitar una victoria que permite escapar de las posiciones de descenso.