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Primer equipo
Por tierra, mar y aire siguiendo el rastro del Levante
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A las nueve de la mañana de hoy miércoles había un bullicio un tanto inusual por las cercanías de Estadio Ciutat de València. No había confrontación liguera en su interior. El coliseo blaugrana no se aprestaba a vivir los preparativos inmediatos a un enfrentamiento de carácter oficial. En todo caso, la edificación, cuando comenzaba a despuntar la mañana con la incidencia de los primeros rayos solares, y empezaba a desperezarse después de un sueño reparador, despedía a los diecinueve jugadores convocados por el preparador Juan Ignacio Martínez para afrontar la cita europea frente al Hannover 96, pero principalmente se rendía ante la voluntad y la tenacidad de los cerca de cuarenta valientes e irreductibles decididos a desafiar a la ciencia de la geografía y al tiempo para recorrer en autobús los dos mil kilómetros, con siete paradas incluidas, que separan la ciudad de Valencia de Hannover con el fin de visionar desde el AWD Arena el partido de la segunda jornada del Grupo L de la Liga Europea.

El reto es de una dimensión incuestionable. Es un desafío de una proporción titánica. Los dos mil kilómetros de la ida se complementan con el regreso a la misma conclusión del encuentro para retornar a la capital del Turia en la tarde-noche del viernes. No hay tregua en el desplazamiento pautado que cuesta 110 euros. Cuatro mil kilómetros para contemplar el primer partido de facto como visitante de la escuadra que preside Francisco Catalán, después de la experiencia previa que significó la clasificación para la Liga Europea en el Fir Park de Motherwell (Escocia). Las alforjas de los cuarenta aventureros estaban repletas de emociones. La ilusión es manifiesta. La terrorífica sucesión de kilómetros no menguaba los ánimos de los seguidores. “Entendemos que son tres días de fiesta. No pensamos que prácticamente vamos a estar tres días en el autobús”, advertían con un tono lúdico unos minutos antes de ascender al bus.

Paralelamente, a la misma hora, también en Valencia, aunque en un escenario distinto al enmarcado con anterioridad, otro grupo de aficionados se posicionaba en el aeropuerto de Manises. El destino era el mismo, Hannover, si bien el modus operandi variaba. Y de manera radical. El chárter en el que viajó el equipo, el cuerpo técnico y los miembros del consejo de administración era el medio elegido. A las once de la mañana el avión surcaba el cielo azul valenciano. Apenas dos horas más tarde, al filo de las 13:00 horas, iniciaba la maniobra de aterrizaje en tierras germanas. La distancia en ambos desplazamientos es sideral aunque el fin es convergente; disfrutar del Levante en el continente europeo. Por tierra y por aire.

Las citas más laureadas de la historia reciente del club han motivado un éxodo de aficionados. El autobús y el avión son las opciones escogidas en el tiempo reciente. No obstante, en la memoria histórica perduran las peregrinaciones en barco que el club trató de reditar la pasada temporada con motivo del desplazamiento liguero a Mallorca. Fue en los años veinte y treinta del siglo pasado cuando la masa social del Levante F.C. recorría la distancia entre Valencia y Barcelona surcando el Mar Mediterráneo. “La sociedad del Levante, recogiendo los deseos de varios socios, ha iniciado las pertinentes gestiones para fletar un buque para Barcelona. El vapor saldrá el próximo sábado regresando el lunes a las 08:00 horas de la mañana del lunes. Inscripciones hasta el viernes en la sede social del club”, relataba la prensa valenciana en la primavera de 1935 en el prólogo del partido de ida de la eliminatoria de cuartos de Final de la Copa de España que midió al Levante y al Barcelona en el mítico ‘Les Corts’.