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Primer equipo
Porca miseria en Málaga (1-0)
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Valdo sufrió en sus carnes una de esas típicas historias de amor y de desamor que con frecuencia se mantienen en la disciplina del futbol; principalmente durante los fines de semana. El interior, un azote de Dios para el Málaga durante la totalidad del partido, dibujó en sendas ocasiones dos malabaristas escorzos para conectar con el balón, en acción aérea, tratando de superar a Arnau. En los dos lances lo consiguió aunque topó con la escuadra y el larguero para desazón de un colectivo que mostró más argumentos que el reflejo final de un marcador que consigna la cuarta derrota consecutiva. Eliseu fue el antagonista. Una vertiginosa diagonal quedó cerrada con un potente disparo que atravesó la malla de defensores dispuestos sobre el arco de Manolo Reina. El fútbol se comporta así. Sus manifestaciones no son siempre simétricas. El meta, en su máxima fatalidad, no tuvo tiempo para materializar la resistencia.

El balón entró pegado a la base del poste izquierdo del arquero natural de Villanueva del Trabuco, provincia de Málaga. Un golpe contundente del atacante malacitano fue suficiente acabar con un Levante vigoroso y resistente que no se rindió hasta el definitivo juicio final. La jugada del gol merece una consideración. La diana llegó con Juanlu retorciéndose sobre el césped en las cercanías de la portería de Arnau. En su intento por neutralizar la salida diáfana del esférico desde la defensa local, recibió un fuerte golpe que le dejó tendido ante la mirada de los futbolistas locales, la mirada del árbitro de la contienda y la mirada de la totalidad de los aficionados congregados en el majestuoso Estadio de La Rosaleda. Sucede que la acción acabó con Eliseu festejando un tanto providencial y con el colectivo azulgrana. Nadie fue capaz de parar el encuentro por una simple cuestión de ética.

El gol confundió al Levante que hasta entonces se había movido con decisión y frescura. La escuadra que prepara Luis García marcaba los tempos con oficio y temperamento. Movió la partitura inicial el preparador levantinista incluyendo un trivote con Pallardó por delante de la defensa junto a Sergio y Gorka Larrea. La libreta de Luis García trataba de ahogar la creatividad de un Málaga letal y tremendamente directo de mediocampo hacia adelante. El Málaga del primer tramo de la actual Liga se ha comportado como un equipo de caras contrapuestas; los problemas en defensa se contraponen con el ardor guerrero que guía a los atacantes. Es un bloque muy fiable cuando el esférico sobrepasa la medular para situarse en las cercanías con la frontera de la portería contraria. La primera consigna del preparador era neutralizar ese juego entre líneas que caracteriza al ataque blanquiazul para pillar desprevenida a la zaga. Desactivada esa fuente de alimentación, el Levante adquirió un plus de placidez sobre el campo aunque antes tuvo que aguantar las recias arremetidas locales.

Se esperaba un despertar violento del Málaga. Fue durante el cuarto de hora inicial. No obstante, el Levante no desfalleció, ni perdió el sentido táctico, ni la concentración que demandaba el choque y las singularidades del adversario. El Levante fue entrando en el guión del partido y comenzó a rondar las inmediaciones de Arnau básicamente porque tuvo argumentos para dirigir el duelo allá hacia dónde conjugaba con sus intereses. Valdo adquirió consistencia y gravedaz. El atacante resolvió con razones la mayoría de las acciones protagonizadas. Y contó con la ayuda de Caicedo. El delantero ecuatoriano es uno de esos jugadores que lleva implícito el peligro simplemente con que el balón entre en contacto von sus botas. Puede parecer que vegeta, pero es capaz de mutar el sentido de la confrontación en un segundo mágico. Caicedo amenazó la estabilidad de Arnau y rozó el gol en una jugada circense que premio la fe del atacante ante la falta de entendimiento entre la zaga y el arquero local.

El Levante salía fortalecido del debate suscitado en torno a la primacía del juego de ataque sobre la defensa y viceversa en función de la alineación presentada en cada cita. Saltó al verde de La Rosaleda más pertrechado sobre la línea de medios, pero esa vocación, a priori, más defensiva no le restó ni intención, ni pensamiento cada vez que asomaba por el perímetro defensivo blanquizaul. Y cada mirada azulgrana sobre el arco de Arnau generaba miedo y desasosiego. La Rosaleda y el Málaga captaron la contundencia de este mensaje, pero el fútbol tiene sus propios códigos. Y en ocasiones estas leyes son refractarias a la propuesta y evolución de los partidos. Quizás ahí resida su encanto y su también el misterio que le acompaña. Valdo chocó con la escuadra y Eliseu cambió el paisaje del partido de un plumazo. Y en el último acercamiento del Levante Valdo, de nuevo, volvió a estrellarse con el palo. Porca miseria.

Málaga: Arnau; Gámez, Weligton, Stadsgaards, Mtiliga; Portillo (Fernando, m.81), Sandro Silva, Apoño, Eliseu; Fernández (Quincy, m.46) y Baha (Edinho, m.46).

Levante: Reina; Venta, Ballesteros, Nano, Juanfran; Valdo, Pallardó, Sergio (Stuani, m.72), Juanlu (Xisco Muñoz, m.68); Gorka Larrea y Caicedo (Rubén, m.78).

Goles: 1-0, M.63: Eliseu.

Árbitro: Iglesias Villanueva (Colegio Gallego). Amonestó a los locales Sandro Silva (m.45) y Eliseu (m.90) y a los visitantes Juanlu (m.10), Juanfran (m.50), Caicedo (m.65), Gorka Larrea (m.77) y Valdo (m.90).

Incidencias: Partido correspondiente a la undécima jornada de Liga de Primera División disputado en el estadio de La Rosaleda ante 25.000 espectadores.