Si en algún momento determinado hay espacio para extraer conclusiones de las derrotas y convertirlas, por ende, en útiles habría que apelar a la evolución de la pretemporada para encontrar el punto adecuado para solidificar una asociación de ideas que parecen totalmente disociadas. Así que el Levante sufrió una de esas derrotas aleccionadoras que componen el relato de las pretemporadas. La escuadra azulgrana cerró ante el Ado Den Haag el cuarteto de los partidos de preparación pautados en tierras holandesas. Y lo hizo estrenando el expediente de derrotas del período estival. En ocasiones hay derrotas conmovedoras, y no es el caso concreto del duelo en el Estadio Kyocera, y en otras ocasiones hay derrotas que resultan claramente aleccionadoras si se leen de manera correcta. Y fue el caso ante los hechos acaecidos en el feudo de un colectivo que la pasada campaña obtuvo la séptima posición en la Eredivisie. El Levante presentó dos caras contrapuestas sobre el césped artificial del coliseo del Ado y pagó las consecuencias.
Hay derrotas que sirven para atemperar estados de ánimo, con tendencia a dimensionar todo los que sucede en el interior del campo si los resultados son positivos, y también para recordar el sentido que adquieren las confrontaciones y el contexto en el que se sitúan. Ante el Ado la escuadra blaugrana rasgó un ciclo inmaculado marcado por su condición de invicto. Por otra parte, la dinámica del encuentro recordó a los jugadores que atraviesan por una fase de crecimiento y que conviene aplicarse y no caer en la relajación para metabolizar los conceptos propuestos por Mendilibar. Lo cierto es que el partido puede evaluarse en función de los hechos que se sucedieron en cada capítulo. Pese a que el Levante tomó el camino hacia el vestuario en desventaja, a la conclusión de los primeros cuarenta y cinco minutos, compitió en ese ciclo de la confrontación. Kramer cazó un balón en el interior del área e inauguró el marcador. Su disparo chocó en el cuerpo de Zagalá, pero no se desvió del objetivo del gol.
Más problemas tuvo Hansen para neutralizar las acciones capitalizadas por Gavilán y Barral. Víctor dibujó un pase milimétrico entre líneas que dejó a Gavilán sin mayor oposición que el arquero local. Sin embargo, no pudo definir ante la salida del cancerbero holandés. Y David Barral se estrelló con sus manos cuando parecía materializarse la ventaja levantinista. El colectivo de Mendilibar trataba de ajustarse al guion que define el ideario del preparador vasco: defensa adelantada, cercando prácticamente la zona del medio del campo, presión, con el fin de tratar de neutralizar la salida del balón del equipo contrario y rapidez por las bandas para agilizar la capacidad de sorpresa. El Levante estaba vivo, pese a la dificultad que entraña aclimatarse con celeridad a superficies de hierba sintética. No obstante, la figuración del choque varió en la reanudación. Kramer volvió a citarse con el gol en el alumbramiento del episodio final. La respuesta del Levante fue dar dos pasos al frente para intentar enjugar las distancias con la portería rival. Los espacios en el campo se agrandaron y cada contra del Ado erosionaba al grupo azulgrana. En todo caso, en la derrota hubo jugadores revitalizados. Es el ejemplo de Camarasa. El canterano partió en la medular para retrasarse hasta el eje de la denfensa. Es incuestinable que el mediocentro esta dejando su rastro en la actual pretemporada.
Ado Den Haag; Hansen, Malone, Wormgoor, Kristensen, Jansen, Meijers, Van Duinen, Schet, Alberg, Houtkoop y Zuiverloon. También jugaron Kramer, Merencia, Kanon, Van Haaren, Buwalda y Ebuehi.
Levante; Zagalá, Barral, El Zhar, Gavilán, Nikos, El Adoua, Pedro López, Víctor Pérez, Diop, Camarasa y Torrent. También jugaron Rubén, Nong y Simao.
Árbitro; Richard Liesveld. (Nederland).
Goles. 1-0. M. 25. Kramer. 2-0. M. 49. Kramer.