
Quizás vaya todo demasiado deprisa. Y quizás sea el momento más indicado para mantener la cautela y mesurar la totalidad de los hechos acontecidos sobre el verde por el equipo que representa López Muñiz desde el banquillo en un arranque de la competición convincente, pero parece innegable que la felicidad forma parte del catálogo de enseres del levantinismo cuando el campeonato de la regularidad, tan profundo como extenso y devastador desde la perspectiva que marca su amplio recorrido, consume las primeras jornadas. Esta cuestión, la de esa felicidad que se puede palpar, tiene su trascendencia después de un curso demoledor que destrozó la autoestima de todos los estamentos relacionados con el club de Orriols. Y hay aspectos consignables que refuerzan este proceso revitalizador del tiempo más presente. Los dos triunfos enlazados conquistados por los chicos del preparador asturiano avivan la llama del imaginario azulgrana. Es innegable, pero hay más. En ese sentido, los trescientos veinticuatro aficionados que ya han confirmado su asistencia al duelo que cruzará al Levante y al Nàstic de Tarragona en tierras tarraconenses ratifican el estado de ánimo de efervescencia que atraviesa el bloque granota. Y este hecho no resulta anecdótico.
Lo cierto es que el líder de la categoría de Plata regresa al epicentro del pasto para afrontar un nuevo desafío liguero. El Nou Estadi de Tarragona marca su destino. El Levante se presenta en la ciudad Imperial después de lograr desactivar al Numancia de Soria y al Alcorcón. Dos confrontaciones, dos triunfos, tres goles en su expediente y la portería todavía inmaculada y a buen recaudo. Forma parte de los activos que identifican el paso del colectivo granota en una puesta en acción sólida y elocuente en el retorno a LaLiga 1|2|3. Son los tangibles, pero quizás haya que rescatar los intagibles; es decir aquellos aspectos más difíciles de concretar. Desde ese prisma, las dos victorias han servido para disipar las preocupaciones que podían envolver al levantinismo, aunque hay que recordar que el campeonato atraviesa por sus primeros estadios y que todavía no es tiempo para defender afirmaciones categóricas. Nunca parece sencillo empezar de nuevo en un ambiente hostil que cuenta con una innegable capacidad para engullir a cualquiera y máxime cuando pende sobre ti la vitola de favorito. En Soria apeló al pragmatismo para volver con los tres puntos a Valencia y en el Ciutat desarboló al Alcorcón en un primer tiempo primoroso.
Asido a las victorias, el Levante recupera la estima y también la confianza y envía mensajes en varias direcciones. A su masa social más cercana les advierte que hay corazón, lealtad y alma para luchar por los retos diseñados y a sus adversarios que tendrán que sudar la gota gorda, si el objetivo es reducirlos sobre el campo. No obstante, si algo prima en la categoría de Plata es esa tendencia hacia lo inesperada que puede mutar situaciones. Las distancias son muy cortas entre los contendientes. Ese aspecto se encarga de realzarlo Muñiz en cada una de sus comparecencias en público. “Sin humildad no se consigue nada”, recordó ayer descartando que el pedigrí o el dinero se conviertan en factores diferenciales. El aviso parece calar entre sus pupilos. Hay fe y pasión en las botas granotas. El Levante se posicionará mañana en un Estadio difícil de asaltar durante el ejercicio pasado. Puede ser una prueba de resistencia. El equipo catalán soñó con el ascenso en un ejercicio modélico. Desde un prisma deportivo la duda estriba en discernir quién defenderá la meta granota. Con Remiro en la Rojita, Koke y Raúl concitan la atención en tal sentido.