Hay un aire de épica que impregna los puntos cardinales del Estadio de Los Cármenes. Se trata de un campo que rezuma fútbol. Y no tardó en exceso en mostrarse toda esa mística. La salida de los jugadores al césped motivó una sinfonía de sentimientos y cánticos por parte de los más de quince mil seguidores que se congregaron en este coliseo a los acordes del himno de la escuadra que prepara Caparrós. Sus gargantas resonaron con fuerza generando una efervescencia y una atmósfera densa muy característica del balompié inglés, pero no fue lo suficientemente intimidadora para la figura de Rubén. El joven atacante granota desvencijó el partido con una acción sideral más propia de la escuela maradoniana o si se fija en el tiempo presente siguiendo las directrices emitidas por Messi. Rubén se cosió el balón a sus botas, tras cazarlo en la zona de la medular del verde, y se lanzó con furia en dirección hacia la meta de Roberto. En el recorrido que emprendió fue tumbando a auténticos gigantes amenazadores que le retaban y que trataban de cerrarle el paso y ahuyentarle de su verdadero desafío; el gol. Rubén con un plus de convicción fue dejando atrás a los defensores que iban surgiendo. Cuando pisó el corazón del área alzó los ojos y los clavó en la portería local. El resto fue un trabajo de orfebrería. Seda y tul: tocó con suavidad para anotar el primer tanto del curso que depararía el estreno del expediente de triunfos de la era Mendilibar en la Liga BBVA.
La salida fulgurante del canterano en dirección hacia el banquillo se convertía en la metáfora de las necesidades acuciantes que apremiaban al Levante. Las dudas parecían perseguir al bloque azulgrana desde el arranque de la actual Liga. Granada marcaba la quinta batalla de la temporada en pleno recorrido y el botín conquistado era tan exiguo como paupérrimo. Un punto obtenido en Málaga con el capítulo anotador todavía por estrenar. Y enfrente se posicionaba la escuadra de Caparrós, un viejo conocido del entorno levantinista, que aderezaba su currículum con ocho puntos que le proyectaban a los estratos más altos de la clasificación. Era un duelo de estilos contrapuestos, pero principalmente de estados anímicos sumamente alejados. El contenido del encuentro estaba presentado. Es incuestionable que los focos del partido apuntaron hacia la luz que desprendía Rubén. Después de varias semanas en la oscuridad retomaba la condición de titular.
Su actuación fue sensacional. El gol coronó la severa clase que impartió en Los Cármenes, pero su compromiso fue ejemplar. Fue el primero en ayudar en tareas defensivas para acto y seguido propulsarse en ataque. El derroche físico y de talento en el plano personal fue sobresaliente. Es innegable que fue el duelo de Rubén, pero también un envite que se logró colonizar desde el sentido de la colectividad. Desde ese prisma, el Levante mostró un guion al que se ciñó fidedignamente durante los noventa minutos. El Levante dio pistas sobre el tapete del feudo granadino. Parece obvio, pese al cruel resultado ante el F.C. Barcelona, que el equipo de Mendilibar iba aumentando sus prestaciones jornada a jornada. Revivió en Málaga y compitió contra el Barça durante una hora. En Granada dio un paso más al frente para mostrar una versión convincente y terriblemente colectiva. Agazapado y con las líneas muy apretadas y cohesionadas, no dudaba en salir a la contra con celeridad.
Morales capitalizó la mayor parte de las acciones ofensivas en el episodio primero de la cita. Después fue Rubén quien tomó el testigo participando en la mayoría de las ofensivas azulgranas. Inclusive pudo aumentar su registro tras estrellar una acción desde la estrategia en el larguero de Roberto. El Levante funcionó como un bloque muy compacto. De hecho, el Granada apenas si gozó de ocasiones ante la puerta defendida por Jesús. No se mostró cómodo el equipo de Caparrós sobre el campo. Acostumbrado a la electricidad en sus movimientos le costó generar juego en estático y acabó persiguiendo sombras. El Levante hizo un ejercicio de fútbol supino. La victoria y la portentosa actuación de Rubén no difuminan otros factores a acentuar. Uno de ellos podría apuntar a Camarasa.
El mediocentro se va asentando en la categoría y va adquiriendo el cuajo y el poso necesario para competir en la elite. Por una situación similar atraviesa Morales, un puñal por la banda izquierda o Toño en ese trasvase complejo de realizar entre la categoría de Plata y la Liga de las estrellas. El retorno de Diop concede aplomó a la medular. El partido enfatizó el sentido de un bloque que supo manejar los códigos y los distintos tempos del encuentro. Supo domesticar el arranque virulento del Granada en los minutos iniciales y fue capaz de desactivar a su adversario hasta llegar confundirlo. Con ventaja en el marcador no se derritió, ni se sintió presionando. Más bien fue escogiendo las medidas más oportunas con el fin de que el encuentro fue avanzando sin mayores noticias. Y la victoria es reveladora y rompe una racha funesta.