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Primer equipo
Siete semanas y media? invictos
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Siete semanas. No se trata de aludir a la cabalística que define al número siete por más que ese dígito se presente como un número mágico y místico y para la Biblia sea sinónimo de perfección y presagio del orden más absoluto. Y esté relacionado con la figura de Dios. Se trata de presentar un ciclo que también irradia magia y magnetismo, que ha permitido al Levante mantener la condición de invicto en el marco de la Primera División, fijar un nuevo registro en ese espacio tan hostil desviando de su camino a la pérfida derrota y, principalmente, estructurar y definir una realidad radicalmente diferente a la que parecía cernirse sobre la sociedad hace poco más de dos meses. Parece del todo incuestionable el enorme caudal de emociones desarrolladas en ese espacio acotado de la actual cronología de la competición liguera. Desde luego que no es un número más. Ni un período menor.

Esa secuencia nació inmediatamente después del obligado compromiso de Liga que llevó a las huestes azulgranas hasta posicionarse sobre el feudo del Santiago Bernabéu propiedad del Real Madrid en un sábado lluvioso del pasado mes de febrero. Aquel choque, resuelto con una funcionarial victoria de la escuadra que prepara Mourinho, quizás más pendiente de su inmediata batalla en la Liga de Campeones, que en la propia estela del Levante, delimitó un antes y un después, al menos por lo que afecta a la vida cotidiana de la institución granota como arrendatario del universo de la principal categoría. Fue una señal focal. El arranque de ordenamiento distinto. La derrota se convirtió en el gozne sobre el que giró una metamorfosis radical. Los efectos de la primavera llegaron con antelación sobre la fecha prevista. El Levante rugió ante el Osasuna de Pamplona en Orriols en la semana siguiente borrando de su rictus la huella de la decepción anterior.

No fue una victoria más. La escudería de Luis García anclaba las cimbras de una etapa efervescente que le ha permitido conquistar quince de los veintiún puntos disputados. Hay un nexo común que unifica el serial de partidos. Quizás con la excepción del duelo ante el Espanyol, un aspirante a ingresar en la competición europea, bajo el influjo de los muros protectores del Ciudad de Valencia, el resto de los enemigos mantenían una estricta y absoluta correspondencia con el Levante. Se presentaban partidos ásperos entre iguales en la clasificación. El sentido de la victoria dimensionaba en mucho la misma consecución del valor de los puntos. Mantener incólume las emociones y amortiguar la ansiedad que suele generar ese tipo de citas parecía una condición sine qua nom para la resolución del perfil de los partidos que el calendario proponía.

Desde esa perspectiva, habría que acentuar la sabiduría mostrada por el grupo que conduce Luis García. Y su exitoso posicionamiento. La sucesión de triunfos ante Osasuna, Espanyol, Deportivo de La Coruña y Málaga se corresponden con las igualadas ante la Real Sociedad, Mallorca, Racing de Santander. El Levante post confrontación ante el Real Madrid, jornada vigésimo cuarta, detentaba la decimoséptima posición en la tabla con veinticuatro puntos. La cota del descenso la marcaba el Real Zaragoza con veintitrés, seguido por el Almería con veintiuno y el Málaga con veinte. Las divergencias son notables, máxime si se enfatiza el tiempo presente.

El Levante que extrajo una meritoria igualada ante el Racing en Santander, jornada trigésimo primera, ocupa el décimo peldaño en la tabla con treinta y nueve puntos y distancia el temido descenso en nueve, siguiendo el umbral que establece el Málaga. El ciclo no ha pasado desapercibido en los medios futbolísticos. El Levante dinamita la banca. Y la raíz capitalista del fútbol. Todo el país resalta la auténtica gesta que está verificando sobre el césped una sociedad que compite con dignidad y con corazón con la espada de Damocles que supone la asunción de uno de los presupuestos más exiguos de la división. Hay un dato revelador. El Hércules, próximo contrincante, triplica el presupuesto granota.