Brotaron unos rayos solares que iluminaron el feudo del barrio de Orriols en una jornada densa marcada por las nubes y una atmósfera metálica. La cronología del partido acababa de inaugurarse. El hecho en sí no era definitivo para el desarrollo de la confrontación, pero podía interpretarse como la anunciación de un buen o de un mal presagio ahora que está de moda atribuir a los desastres naturales una incidencia absoluta en las catástrofes que asolan al planeta tierra. Brotaron unos crepusculares rayos solares sobre el solar del Estadio de El Ciudad de Valencia en los primeros minutos del encuentro ante el Málaga y el espíritu de los jugadores levantinistas se sobreexcitó en demasía. Fue un Levante madrugador, excelso y superlativo con una incidencia notable sobre la meta de Willy.
No tardó en exceso Stuani en cruzar su mirada con el dueño de la meta de la escuadra malacitana. En realidad fue una constante a lo largo de la confrontación. Del duelo inicial salió indemne el atacante uruguayo. Andaba algo maltrecho el hombre. Su moral parecía resentirse en las postreras jornadas. Cosas a imputar a los delanteros. La relación que mantienen con el gol marca la concepción de sus estados de ánimo. Es una relación capitalista. No había ningún tipo de debate sobre su complicidad en el grueso del colectivo cuando tuvo que acceder al terreno de juego. Sin embargo, el gol se resistía a uno de los azotes del ídem en la categoría de Plata durante el ejercicio pasado.
No obstante, apareció en el momento más adecuado para resquebrajar un debate inexistente en una jornada caracterizada por la ausencia de Felipe Caicedo porque si algo quedó patente sobre el verde del coliseo de Orriols fue la calidad de los atacantes adscritos a la vanguardia azulgrana. La de Stuani fue una aparición estelar y portentosa. El matador de Tala batió al arquero con sutileza tras una combinación surgida de la fecunda imaginación de Rubén, otro de los triunfadores de la tarde. El inteligente pase del asturiano filtró las líneas visitantes y dejó al delantero uruguayo solo ante el arquero foráneo. El duelo acababa de nacer. Más tarde, ya en la reanudación, aprovechó un balón sin dueño por las inmediaciones de Willy para ajusticiar al Málaga.
Fue una diana capital porque cerró un encuentro que parecía oscurecerse tras el tanto de Seba Fernández. Por entonces la sombra de la duda germinaba sobre Orriols. El Málaga se vio desde muy pronto obligado a revolucionar el duelo si quería mantener sus opciones. El gol de Stuani conjugó con el tanto de Rubén. A la afición se le acumulaba el trabajo para festejar tantas emociones tan próximas en el tiempo. En ocho minutos el choque estaba en franquicia. Y definido. El Levante mataba a su oponente y el Málaga caía en la desdicha. Si algo acentuó la diana del mediapunta asturiano fue la endeblez de la defensa de la sociedad malagueña.
Al Málaga se le fue el encuentro por la escasa consistencia que mostró su retaguardia. La candidez que evidenció en la zona más próxima a su arco fue letal. La confrontación enfrentaba a dos entidades divergentes. Cartera y nombres con resonancias en el fútbol contra un plus, sin parangón, de ilusión, en el Levante había siete jugadores que el año pasado militaban en Segunda División A, dos concepciones alejadas aunque en el fútbol no siempre es definitorio el brillo del parné. En ese sentido, el Levante es un excelente arquetipo de esta tendencia. Ultimamente lucha contra la lógica y parece capacitado para desafiar al sentido común y al mercantilismo que asola al fútbol.
Hay mucha poética detrás de cada una de sus demostraciones sobre el campo aunque es evidente que hay un proceso evolutivo detrás del juego exhibido por el Levante en las postreras comparecencias. El Levante ha ganado en consistencia y en margen de maniobra. Es un equipo que sabe reconocer los partidos y agilizar su curso o pausarlo en función de sus necesidades. En cualquier caso, es un bloque reconocible que sabe cuáles son sus secretos y sus armas favoritas y extrae un máximo partido de estas variables entrelazadas. Hay un evidente sentido en su propuesta. Y principios futbolísticos. Es generoso y extremadamente socializado. Y últimamente se ha acostumbrado a manejar el balón con una incidencia suprema de la medular. Cuida el cuero con mimo en busca de la mejor transición. Ante el Málaga inició a través del triángulo mágico que conformaron Pallardó, Iborra y Rubén, con Juanlu y Valdo como lugartenientes, y percutió sobre la portería de Willy a partir de las botas afiladas de Stuani mientras su rival se desgastaba en una constante batalla contra sí mismo.
Levante: Munúa, Javi Venta, Ballesteros, Nano, Juanfran (Del Horno, m.46), Pallardó, Iborra, Valdo, Rubén (Xisco Nadal, m.63), Juanlu y Stuani (Rafa Jordá, m.83).
Málaga: Willy, Jesús Gámez, Demichelis, Kris, Eliseu, Portillo (Owusu, m.67), Apoño (Sandro Silva, m.75), Recio (Maresca, m.62), Duda, Rondón y Seba Fernández.
Goles: 1-0, m.6: Stuani. 2-0, m.8: Rubén. 2-1, m.60: Seba Fernández. 3-1, m.71: Stuani.
Árbitro: Iturralde González (comité vasco). Amonestó por el Levante a Juanfran, Pallardó, Ballesteros, Munua, Iborra y Del Horno, y por el Málaga a Eliseu, Apoño, Rondón y Seba Fernández.
Incidencias: partido disputado en el estadio Ciutat de València.