Tres años. Puede parecer el enunciado final de una condena decretada por un juez como epílogo a un juicio, pero en realidad es la secuencia que hoy cumple Vicente Iborra desde que debutara en la primera plantilla del Levante en un compromiso adscrito a la Liga BBVA. Fue el domingo trece de enero de 2008 en los márgenes del Estadio Ciudad de Valencia cuando la megafonía anunció la retirada de Pedro León y el ingreso en el rectángulo de juego de Vicente Iborra. Gianni Di Biassi le ofreció la alternativa de incluirse en las cercanías de la meta de Iker Casillas. No recuerdo casi nada de los instantes previos. Estaba en una nube. Era una emoción indescriptible, admite el protagonista.
Lo cierto es que Iborra compartió funciones junto a Riga como mediapunta, el lugar geográfico que ocupaba en el filial. El enfrentamiento entre el Levante y el Real Madrid iniciaba un suave y pausado declive y, por esos secretos indescifrables del fútbol, las distancias entre el líder y el último de la fila eran imperceptibles aunque el ocaso del partido resultó borrascoso. Van Nistelrooy agrietó la defensa azulgrana en sendas ocasiones entre los minutos setenta y cinco y ochenta y siete para consolidar una victoria que parecía resistirse. Hicimos un buen partido y merecimos más, determina. Iborra contó con veintidós minutos para experimentar sobre el terreno de juego con la camisola blaugrana en confrontación de la Liga BBVA ante una escuadra notable dirigida desde el banquillo por Bernd Schuster, un técnico con pasado granota, aunque esa percepción que significaba adentrarse por los vericuetos del fútbol profesional no era novedosa.
Reposaba muy cerca en el hemisferio del cerebro que activa la memoria su estreno ante el Getafe en el formato copero. La diferencia en la cronología fue más bien escasa. Aquel hecho aconteció el 9 de enero de 2008 y situaba la acción sobre el verde del terreno de juego del coliseo Alfonso Pérez. Lo cierto es que el arranque de 2008 fue ciertamente revelador para el devenir del jugador reconvertido a centrocampista. O podría advertirse que más bien tenía un sentido de anunciación desde la perspectiva que marca el inevitable paso del tiempo ante los acontecimientos gestados. En cualquier caso, no fueron sencillos los inicios del mediocentro en el seno de un grupo deprimido.
El paso abrupto y quebrado del Levante del curso 2007-2008 presagiaba un descenso que anticipaba el calendario de desenlaces definitivos cifrado generalmente allá hacia los meses de abril o de mayo. Parecía la crónica de una muerte anteriormente anunciada. Paradójicamente aquellos desequilibrios internos y las disensiones de algunos futbolistas incluidos en el arco del primer equipo propiciaron la aparición de un contingente inesperado con un valor apreciable con procedencia desde los fondos de la cantera. El salto de Iborra marcha en consonancia con esa premisa que se antoja refractaria porque parecía harto complejo que germinará la raíz de la esperanza en medio de un páramo de desolación, pero a veces sucede.
En tiempos de crisis Iborra pasó de defender la elástica granota en Segunda B a insertarse en el ámbito de la elite como sucedió con Saúl o Pla, Reina y Armando. Fue un periodo corto porque el equipo regresó a la categoría de Plata, pero fue fructífero porque en el caso de Iborra brotó una semilla que acabó consolidándose. El ejercicio 2008-209 aumentó su ascendente y la temporada siguiente marcó una frontera perceptible con el pasado. Titular habitual con el Levante en el ejercicio del retorno a Primera División, su nombre comenzó a ensanchar los márgenes geográficos. Los ecos propagaron la calidad de su fútbol.
Su condición adquirida de internacional Sub 21 y la asociación a otras entidades propició una actuación contundente por parte de los rectores de la sociedad de Orriols estableciendo una relación contractual entre las partes cifrada en cuatro temporadas. Tres años después de aquella aparición ante el Real Madrid su rol ha mutado de manera considerable en el ecosistema azulgrana. Sobre el verde ha dado un paso atrás para desde la mediapunta para convertirse en el faro que inunda de luz el juego azulgrana. A la altura de enero de 2011 es el gran añorado. Una lesión durante la pretemporada y un problema en la espalda le mantienen inédito en el curso aunque su evolución invita al optimismo.