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Primer equipo
Un año del épico liderato en Primera conquistado en Villarreal
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Hay fechas que nunca se olvidan porque sirven para honrar y glorificar la memoria de una entidad. Son jornadas destinadas a perdurar en el imaginario de sus seguidores formando parte de su consciente y de sus vivencias. Y surgen como jalones que acotan y delimitan su historia. Hay días que resultan imborrables y que están condenadas a permanecer en el recuerdo hasta perpetuarse sobrepasando las leyes físicas del tiempo para pervivir y alcanzar la eternidad. Son vestigios que evocan momentos dulces que siguen provocando una catarata de emociones con únicamente rememorarlos. Son fechas que se resisten a caer en el olvido porque refulgen y su eco no cesará. Las brumas del tiempo no diluyen sus contornos. Son como pisadas que dejan huellas. Entre las efemérides más acentuadas de la secuencia comprendida por los 103 años de existencia del Levante adquiere fama y notoriedad el 23 de octubre de 2011. Aquella tarde-noche de domingo, todavía muy cercana, y de relato perfectamente estructurado en la mente de los estamentos azulgranas, el Levante tenía una cita legendaria con la Primera División por la trascendencia que determinaba la consecución de la victoria.

El triunfo en el Estadio de El Madrigal frente al Villarreal significaba la conquista del liderato en la máxima categoría. Y la escuadra que preparaba Juan Ignacio Martínez alcanzó la cima de la clasificación general por vez primera en su centenaria historia. Hoy se cumple un año de esa circunstancia que proyectó a la institución hacia unas cotas mediáticas realmente inimaginables y totalmente desconocidas. Villarreal evoca una sonrisa. No hubo debate posible sobre la superficie verde en cuanto a la dirección de la confrontación. El Levante no concedió ningún tipo de tregua a su oponente. La condición de visitante no fue un impedimento para que el Levante obtuviera la jefatura y el mando de gobierno del partido desde su epifanía. El dominio y la preminencia azulgrana fueron incuestionables durante el desarrollo de los noventa minutos reglamentarios.

Los goles de Juanlu (dos) y Koné ejercieron un terrible poder de fascinación sobre la numerosa masa social azulgrana desplazada hasta la orilla del coliseo amarillo. Los colores azules y granas brillaban sobre el firmamento de la noche castellonense. La sucesión de goles derrumbó a su adversario. El Levante mostró sobre el tapiz de El Madrigal lo más distinguido de su repertorio en el crepúsculo de un domingo repleto de misticismo y de magia. Granítico e inflexible cuando el esférico recorría las inmediaciones del espacio resguardado, como último bastión, por Munúa, entraba en un estado de agitación y aceleraba sus constantes vitales cuando se trataba de buscar el arco contrario. Era un colectivo enérgico y decidido. El gol inicial de Juanlu ejemplificó esta tendencia subversiva.

Nano alcanzó un balón en la retaguardia. El central alzó la vista y conectó con sapiencia con el medio del campo por donde apareció Valdo. El interior agitó su cuerpo para buscar la velocidad de crucero. Por el extremo contrario del campo surgía Juanlu con dos turbinas propulsoras. Su única obsesión era plantarse en las inmediaciones de la meta defendida por Diego López. El ordenador personal de Valdo detectó la llegada del andaluz y proceso la maniobra a seguir. Era la opción más efectiva. El cambio de orientación de Valdo lo clavó de una mayestática volea Juanlu, en una jugada marca de la casa. Todo aconteció con una celeridad extrema ante la mirada entre atónita e incrédula de los futbolistas locales convertidos en secundarios de lujo de una acción eléctrica.

Aquel Levante parecía levitar en el marco de la Liga BBVA. Era un grupo de mirada osada que no entendía de jerarquías ni de graduaciones. Parecía un outsider; un equipo de heroicos agitadores liderados por Sergio Ballesteros y Juanfran, dos viejos rockeros que compendian las virtudes y esencias del Levante. A su alrededor surgían un puñado de honrados jugadores ávidos de unas emociones, que, en algunos casos, se habían difuminado. Su primera conspiración coincidió con el partido ante el Real Madrid en el Ciutat todavía en el mes de septiembre. Koné acaudilló la revolución blaugrana con una diana un tanto heterodoxa en su ejecución. Fue el arranque de un serial marcado por siete partidos con idéntico número de victorias que trasladaron al Levante a la cumbre de la tabla. ¿Te acuerdas? Hoy se cumple un año de un liderato que la escuadra mantuvo en la siguiente jornada con una victoria ajustada ante la Real Sociedad.