Quizás fue un gol de fe para certificar una igualada de pedigrí que cierra una semana tortuosa. El Levante trataba de rebelarse contra la suerte de un partido que parecía marcharse tras las dianas de Jonas y Soldado. Quizás con más corazón que sentido, el Levante se abalanzó sobre la meta de Guaita. El cronómetro viajaba a la velocidad del sonido consumiendo un partido que Mestalla celebraba. De pronto todo cambió. Fue en una céntésima de segundo con un efecto de auténtica catarsis para el desarrollo del encuentro. Barkero entró en el interior del área valencianista con decisión aunque se dejó el balón atrás, pero el destino le concedió una segunda oportunidad. Mathieu resbaló y el atacante vasco se quedo sin más compañía que la meta que defendía Guaita. Barkero le pegó al cuero con la misma fe con la que los cruzados asediaron a Jerusalem. Todo fue muy rápido. Barkeró armó su pierna izquierda, como si fuera una catapulta, y alojó el esférico en el arco del Valencia. La acción condensa la extremada calidad que esconde el jugador guipuzcoano. No era fácil atacar el balón con el exterior y ubicarlo en el palo largo del arquero. Barkero aunó precisión y magia para rescatar al Levante y conceder un punto celebrado con pasión por la representación granota que se desplazó hasta el feudo de Mestalla.
En cualquier caso, la jugada del gol azulgrana que supuso el tercer empate consecutivo en Mestalla tras el retorno a Primera confirma un aspecto que va ligado a la práctica del fútbol; únicamente pueden suceder hechos susceptibles de mudar las confrontaciones cuando el cuero rueda por los dominios del área. En ese espacio, el fútbol se convierte en un torbellino. La disciplina es tan inesperada que pueden ocurrir situaciones de este calado. Mathieu perdió el equilibrio y su equipo una victoria que el público celebró con anterioridad al pitido final del colegiado. En cierto modo, el Levante abrió y cerró el choque en su primer tramo del choque y en los estertores del mismo. Iborra aprovechó un saque de banda para cabecear diabólicamente superando la estirada de Guaita. Mediatizado por los sucesos ocurridos durante la presente semana, capitalizados por la pretendida marcha de Martins al balompié americano, el Levante saltó al verde de Mestalla sin la presencia del atacante nigeriano en la formación inicial. Juan Ignacio apostó por Acquafresca en el eje del ataque. El italiano tiró desmarques y diagonales, si bien a la escuadra blaugrana le costó encontrar agujeros por los que buscar la proyección sobre la meta de Guaita,
Mientras, el Valencia percutía por la derecha. Su ataque no fue simétrico desde esa perspectiva. El grupo de Valverde tuvo querencia a lanzarse hacia la portería de Munúa por el flanco liderado por Feghouli y Pereira. Respondió el Valencia a la diana de Iborra en una acción que germinó por el lado derecho. Parejo se adentró en los confines de la retaguardia granota. Su centro rebotó en la pierna de Ballesteros y se quedó inerte en el interior del área pequeña de Munúa. La fatalidad acompañó al bloque de Juan Ignacio. La incertidumbre provocada acabó cuando Jonas, que bordeaba el fuera de juego, ajustó el cuero logrando la primera igualada. Hasta ese punto del partido, el Levante parecía dominar sin excesivos problemas el tempo del enfrentamiento. El Valencia caía en la precipitación y en la monotonía. El plan conceptual ideado por el conjunto de Orriols acentuaba la solidez en tareas defensivas y el rigor táctico para salir con velocidad hacia el otro extremo del verde. La filosofía responde a las credenciales manejadas por el bloque, si bien el planteamiento gana enteros con la velocidad que impone Oba.
Ante la ausencia del delantero, Barkero se convirtió en el símbolo del juego atacante. Juan Ignacio mostró su espíritu inconformista con la introducción de Michel y Martins sobre el campo. En ese instante de la cita, el Valencia había conseguido domar al Levante. Feghouli se coló por la derecha y su centró lo acribilló Soldado. El Levante no se rindió en la reanudación aunque hubo momentos marcados por la complejidad. Parejo, Albelda y Canales provocaron superioridad en la medular Los centrocampistas valencianos rompían la presión granota con relativa facilidad filtrándose entre líneas. La escuadra de Munúa crujió tras un disparo de Soldado y el colegiado anuló un gol del delantero local por un fuera de juego discutido. Los minutos pasaban mientras al Levante se le escurría un encuentro que el Valencia creía controlar, pero el fútbol es totalmente incontrolable. Lo demostró Barkero tras un resbalón de Mathieu.