En el fútbol, en infinidad de ocasiones, nada es lo que parece hasta que el balón comienza a rodar. Y entonces, y también a veces, lo que parece no guarda demasiada relación con lo que se podía prever de antemano. No es que el partido entre el Levante y el Villarreal encerrara un silogismo irresoluble: es que el fútbol es difícil de predecir por naturaleza. Quizás esa condición que resalta lo impredecible se materializara en su máxima expresión sobre el verde del Estadio Ciutat de València. El encuentro en su nacimiento cruzaba al primer clasificado frente al último de la fila en el umbral de la máxima categoría, pero esa notable diferencia se acortó sobre la faz del rectángulo de juego durante los noventa minutos de una batalla sin tregua. Deyverson redujo a la nada al Submarino Amarillo con un zapatazo pasional cuando el duelo amenazaba ya con extinguirse. El atacante brasileño remató con el corazón tras una estrecha alianza con Nabil Ghilas. Así se trenzó el gol de la victoria. El futbol puede ser altamente impredecible en sus movimientos y manifestaciones, pero a la vez puede ser terriblemente democratizador. De un plumazo las diferencias entre los oponentes se reducen en el interior del pasto. Es en ese espacio donde confluye y toma forma esa tendencia hacia la igualdad que minimiza hasta difuminar las divergencias.
Por el feudo de Orriols pasaba el líder de la competición, pero ese aspecto quedaba relegado a un segundo plano para las huestes granotas. Después de seis partidos sin conjugar con el triunfo el valor de la victoria cotizaba al alza. El grado de necesidad era mucho mayor que medirse al líder de la Liga BBVA, un aspecto que en todo caso servía para realzar el sentido de un choque repleto de dinamita. Y desde ese prisma la tasación de la victoria resulta inestimable para un colectivo amordazado por los últimos resultados. Andaba el Levante necesitado de una victoria redentora que le permitiera recuperar la autoestima y su crédito y olvidar actuaciones anteriores en el campeonato de la regularidad. Lo hizo en un enfrentamiento que dominó en superioridad numérica desde los minutos finales del primer acto tras la expulsión de Jokic. No obstante, el peaje fue brutal. La marcha del jugador amarillo coincidió con la lesión fortuita de Iván.
joven lateral estará ausente del juego durante los dos próximos meses tras sufrir una fractura en la clavícula izquierda. Los problemas no cesan en la parcela defensiva del entramado levantinista cuando todavía no se ha olvidado la lesión de Trujillo. El Villarreal perdió en el Ciutat el brillo y el lustre que le había catapultado hacia el liderato durante las semanas anteriores. El rastro de ese equipo ambicioso y vertical se oscureció en Valencia. Marcelino Toral metamorfoseó el once quizás en un intento por refrescar la alineación tras la cita en la Vieja Europa del pasado jueves. El Levante se mostró en el campo con sólidos argumentos. Fue convincente cuando su adversario contaba con once jugadores y mantuvo esa imagen tras la expulsión de Jokic. Con Roger sobre el verde y con el regreso de Juanfran al eje de la zaga, el Levante se las componía para protagonizar la trama y el argumento que se estaba desarrollando sobre el pasto. El espíritu indómito de Roger contagió al grupo. El Levante era superior en el cuerpo a cuerpo. Cada batalla por la tenencia del cuero caía del bando azulgrana. Toño penetraba por el costado izquierdo e Iván se proyectaba hacia los dominios de Areola por el espacio contrario. Las cartas estaban levantadas. El Levante se comportaba como un equipo de propósitos, pero también de certezas.
El bloque levantinista desplegaba sus alas, pero fue Roger quien probó la consistencia del arquero francés de Submarino. El atacante ejerció de carterista para robarle el balón a su oponente y plantarse en dos zancadas delante de Areola. El cancerbero desbarató la acción. Roger volvió a disfrutar de la titularidad, como aconteció en el Camp Nou y ofreció un arsenal de detalles. Como principio fundamental propone una lucha sin cuartel. Y suele presentarse en las inmediaciones de la meta de su rival. No marcó, pero impregnó el juego con sus apariciones. Más decisivo fue Deyverson. El fútbol es caprichoso. Areola se convirtió en el arquetipo de la resistencia en el arrebato granota tras la expulsión de Jokic. El Levante arrinconó a su contrincante. El guardameta galo sobresalió y agigantó su figura para mantener con vida a su equipo. En esa fase de la cita fue decisivo. La grada del Ciutat despidió a los suyos con una sonora ovación de aprobación de los hechos acontecidos sobre el verde. El Levante pudo cambiar el signo del duelo en ese momento. Sin embargo, lo hizo cuando el cansancio amenaza con nublar las ideas. Ghilas templó al área y por allí surgió con la fuerza de un ciclon huracanado Deyverson para capitalizar la victoria.
Levante UD:
Villarreal CF:
Árbitro: Álvarez Izquierdo
Goles: 1-0 Deyverson Min 82