Tiene algo de conmovedor el juego que despliega el Levante cuando se posicionaba sobre el verde. En ocasiones, parece un manual de poética en su máxima expresión. Es desgarrador, cautivador y evocador. Puede acentuarse su expresión; la pasión que exhibe, o su carácter; el coraje y la garra que muestra cuando se trata de reducir a sus adversarios a cenizas. O inclusive podría argumentarse el valor de la psique de sus jugadores y la sobresaliente fortaleza mental que muestra an lo largo de los noventa minutos para conceder las estocadas en los momentos más oportunos. No es fácil sobreponerse a las adversidades cuando las penalidades comienzan a aparecer por la faz de los encuentros. Aduriz sembró la desolación en el minuto cinco de la confrontación. El atacante demostró que se mueve con soltura por los límites del Ciutat. Suele inocular su veneno por el coliseo azulgrana. Lo hizo con otras camisetas y repitió con la rojiblanca del Athletic Club, pero en este caso no fue letal. No fue suficiente para reducir a las huestes azulgranas, todo ardor y alma, en su regreso a la competición doméstica tras el período vacacional.
Ese aspecto fue una de las noticias reveladoras de la confrontación. Nunca es sencilla la vuelta tras el paréntesis que determina la Navidad. Desde ese prisma, el Levante regresó de las Navidades tal y como marchó; ávido de emociones y con la intención de plantar su blasón y su bandera como señal de rendición de su contrincante. Es un equipo que está en paz consigo mismo porque es honrado y ético en el esfuerzo. Y Martins siguió los acontecimientos desde su mullida butaca en el Palco VIP del feudo granota disfrutando mientras sus compañeros se batían con tesón sobre el pasto. El hecho es sintomático del ecosistema blaugrana. Quizás haya que resaltar la figura de Juan Ignacio Martínez. Parece un prestidigitador capaz de encontrar soluciones convincentes por todos los espacios de la geografía del campo. Dentro de ese ecosistema perfectamente interrelacionado sobresale la aportación de Iborra y Diop.
El Levante tiene un arma de una enorme envergadura en las líneas de medios. Diop e Iborra ensamblan. El despliegue físico del jugador africano le permite dominar todos los puntos del rectángulo de juego. Su presencia es descomunal. Iborra ha alcanzado la pausa y el gol en una temporada repleta de apariciones por el área. En una de tantas, después de rozar el empate con un balón sobre Roger, plasmó la remontada. Fue una acción comandada por los centrales. Ballesteros buscó a Navarro y el central dejó el balón inerte en el interior del área. Iborra llegó una milésima de segundo antes que Iraizoz para certificar su quinta diana del ejercicio. En ese instante, el partido había cambiado de manera abrupta tras la expulsión de Laporte. El central perdió la orientación sobre el campo en un balón que parecía suyo. Entre las rendijas se coló Roger, una de las novedades de la cita, como una exhalación.
El joven zaguero cortó la intrusión del ariete con una patada que supuso su expulsión. Era el último jugador y por detrás únicamente aparecía la imagen de Iraizoz. El Levante pareció intuir el miedo de su adversario y las dudas que genera iniciar un proceso de reconversión mientras asumes la inferioridad numérica y tratas de tomar medidas. Y decidió golpear a su oponente con contundencia. La rebelión había comenzado unos minutos antes con la arrebatadora llegada de Chris desde las catacumbas de la retaguardia. El lateral alemán dobló al Zhar con la fuerza de una manada de búfalos e incrustó el cuero en la meta rojiblanca. El Levante fue capaz de arrinconar al Athletic para convertir el gol de Aduriz en un hecho testimonial.
No obstante, la escuadra de Bielsa con Amorebieta sobre el campo por Muniain trató de retomar el duelo. Lo hizo con dos embestidas en la reanudación resueltas con sabiduría por Munúa. En los primeros minutos de la segunda fase el choque entró en una fase marcada por las reiteradas llegadas al área de las dos escuadras. El esférico corría con rapidez por el tapiz con propensión a aparecer por los dominios de Munúa e Iraizoz. El cancerbero uruguayo adquirió fuste. Fue preciso y sobrio cuando surgió, principalmente ante un disparo de Aduriz y otro de Llorente en los estertores de la confrontación. Parecía una dinámica peligrosa para el Levante. Sin embargo, el Zhar, tras una clara contra que no transformó Roger, fue letal desde la lejanía con un disparo ajustado que certificó el triunfo local..jpg)
Levante: Munúa; Lell, Ballesteros, David Navarro, Juanfran (Nikos, m. 69); El Zhar, Iborra (Juanlu, m.81) , Diop, Rubén; Míchel; y Roger (Ángel, m. 71).
Athletic: Iraizoz; Iraola, Ekiza, Laporte, De Marcos; Susaeta, Gurpegui, Herrera, Ibai (Igor Martínez, m. 66); Muniain (Amorebieta, m. 46); y Aduriz (Llorente, m 76).
Goles: 0-1. M. 5. Aduriz, de cabeza. 1-1. M. 25. Lell. 2-1- M. 45. Iborra, de cabeza. 3-1. M. 70. El Zhar.
Árbitro: Paradas Romero. Expulsó a Dalporte (m. 43) con roja directa. Amonestó a Aduriz, Iborra, Míchel, Ibai, Igor Martínez y Rubén.