Quizás era el partido más comprometido de la actual pretemporada, partiendo del abolengo y rango que caracteriza al Genoa como club adscrito al intrincado ecosistema de Calcio italiano. Y quizás, en consonancia con ese axioma que dotaba de un sentido personalizado a la confrontación, el Levante decidiera mostrar uno de sus mejores perfiles en el cómputo general del total de las confrontaciones amistosas disputadas hasta la fecha en el actual verano. Aunque fue un encuentro con aproximaciones sobre las áreas de Frey y Munúa, fue suficiente el gol de Barkero para mantener la condición de invicto en la gira que las huestes azulgranas están efectuando en tiempo presente por Italia. Sin embargo, escasas similitudes pueden rastrearse entre el Perugia, un rival de condición inferior, y el grupo que prepara Gigi De Canio, un auténtico clásico de la principal competición futbolística en tierras transalpinas.
Por encima del valor que emana del resultado, un refuerzo anímico y mental para los jugadores de considerables dimensiones con el fin de seguir manteniendo la fe en el trabajo efectuado, habría que advertir que el Levante recuperó la versión más eficiente de su juego y aquellas credenciales que marcaron un destino sobresaliente en el ámbito de la competición española el curso anterior. El Levante mostró esa versión rocosa y altamente encriptada que caracterizó sus movimientos pasados sobre el verde. Es un equipo que trata de convertir los partidos en auténticos jeroglíficos de intrincada lectura para sus adversarios. En muchas fases del encuentro, el Genoa, un oponente de caracteres muy físicos, cayó preso en esa tela de araña que es capaz de entretejer el grupo azulgrana, en el duelo ante la escuadra genovesa de riguroso verde.
El innegable orden defensivo, esa impregnación que acentúa el sentido colectivo sobre otros condicionantes, el evidente rigor táctico y una velocidad endiablada para salir desde las trincheras del campo en dirección hacia la meta contraria, son cuestiones que el Levante manejó con soltura en el envite ante el Genoa. El Levante se ciñe a un plan metódicamente diseñado. Y no altera el guión. Y si los problemas se acumulan suelen surgir las manos de gigante de Munúa. El arquero uruguayo mantuvo un titánico duelo ante Jankovic. Es una evidencia absoluta que salió indemne de esa batalla que personalizaron. La seguridad que imprime el arquero es proporcional al calibre de sus intervenciones. Es muy posible que la virtud capital del cancerbero sea el dominio global que presenta de todos los espacios del rectángulo de juego y una concentración supina.
No se trata únicamente de atajar el balón. Munúa cuenta con un ordenador en su cabeza que le permite desvelar la dirección del esférico antes de que se materialice su rumbo. El gol fue una obra de ingeniería en su desarrollo. Fue un balón interceptado en la línea de medios que los jugadores granotas movieron con celeridad en busca del costado derecho. Por allí surgió Juanlu como una flecha para tratar de acercarse con la mayor celeridad posible a los dominios de Frey. El andaluz decidió enviar un servicio en paralelo sobre la llegada de Barkero. El vasco empaló el cuero desde la frontal del área. El esférico entró a regañadientes en la portería del Genoa después de chocar en un central italiano. La conclusión definitiva no empaña la ejecución colectiva de una acción ensayada en los entrenamientos cotidianos que el Levante está efectuando en el país transalpino. Esos aspectos resaltan la naturaleza de la pretemporada, un espacio en el que prevalece el continente sobre el contenido. El Levante regresará al verde el próximo miércoles para enfrentarse al Pescara.
Genoa: Frey, Mesto, Granqvist, Canini, Moretti, Tozser, Jankovic, Kucka, Immobile, Bertolacci, Ze’ Eduardo. También jugaron; Gilardino, Velázquez, Piscitella y Rossi.
Levante; Munúa, Koné, Navarro, Barkero, Iborra, Nikos, Pedro Ríos, Ballesteros, Pedro López, Juanlu y Diop. También jugaron; Michel, Iván, Pallardó, Ángel, Rodas, El Zhar y Serrano.
Árbitro; Gianpaolo Calvarese.
Gol: M. 68. Barkero.