El Estadio Cornellà-El Prat concita la atención de un enfrentamiento que propone dos miradas que resultan totalmente antagónicas y distanciadas en función de los estados anímicos por los que atraviesa cada uno de los contendientes reunidos sobre la geografía del campo por mor de la disputa de la jornada decimotercera de la competición en la Liga BBVA. Es evidente que sobre el césped se cruzan emociones que no resultan faciles de entrelazar. El Espanyol y el Levante conforman fronteras alejadas en función de sus prestaciones emitidas, desde un prisma de vista deportivo, en las últimas semanas en el espacio en el que se dirime la batalla futbolística. El calendario es implacable, principalmente si se echa la vista atrás para consignar los sucesos ocurridos durante el tiempo más reciente. Las dos sociedades se insertan en contextos que resultan asimétricos y, como consecuencia, están en la obligación a manejar y a ofrecer respuestas a situaciones antitéticas.
El Espanyol se desvió de la ruta de la victoria en la séptima jornada cuando domesticó a la Real Sociedad en el coliseo blanquiazul (2-0). Desde esa fecha acumula tres derrotas y dos empates. El Levante aprisionó con fuerza siete de los nueve últimos puntos que metamorfosearon su semblante. El botín españolista es más reducido, dos, en el mismo serial. Es evidente que la escuadra que prepara Lucas Alcaraz atraviesa por el ciclo más cálido y lumínico del presente curso. El aterrizaje del preparador granadido ha mutado la naturaleza y la condición de un equipo cabizbajo, si se parte desde los resultados que había obtenido en el amanecer del campeonato de la regularidad. Si se centra el proceso a la inversa de como en realidad se ha ido produciendo habría que acentuar el valor de la notable victoria alcanzada en el derbi.
Al aspecto puramente deportivo, con traducción inmediata a la clasificación general, habría que añadirle las connotaciones anímicas inherentes al triunfo frente al Valencia sobre el feudo de Orriols. Los tres puntos alejaron al Levante del foco más conflictivo de la tabla, después de muchas semanas varado entre tinieblas, si bien las diferencias con respecto al descenso siguen siendo exiguas, pero el Levante comienza a visionar a sus adversarios desde una posición más prominente. Por detrás de su emplazamiento surgen más equipos implicados en la guerra por sobrevivir. Quizás más sugestivo sea el aporte emocional derivado del éxito obtenido sobre el manto de Orriols. Es irrefutable el sosiego y la paz espiritual que trasmite el triunfo. Hay un refuerzo de ideas personales y colectivas que redundan en beneficio del bloque.
La victoria conjuga con la igualada lograda ante el Sevilla y con el vital triunfo frente al Almería que propició una especie de limes puesto que permitió resquebrajar una tendencia harto complicada ante las expectativas que se estaban generando. La secuencia ofrece más datos que refuerzan pensamiento y pareceres. Es obvio que el Levante ha competido ante todo tipo de oponentes en las últimas comparecencias en Liga. Se posicionó ante un igual, en alusión al Almería, y se encaró ante dos gigantes que le sobrepasan en dimensiones y volumen, en clara referencia al Sevilla y al Valencia. Y surge de inmediato un denominador común a las tres confrontaciones subrayadas; el Levante aceptó las reglas del combate y peleó desde la exigencia y la fe encarnando todas aquellas virtudes que le hicieron reconocible y que singularizaron su juego. En Cornellà-El Prat la escuadra granota tratará de mantener sus señas de identidad con el fin de seguir nutriendo su expediente. Enfrente se encontrará a un equipo que busca recomponer su imagen.