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Primer equipo
Un puntazo ante el Real Madrid en un Ciudad de Valencia entregado a la causa granota
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En la Liga BBVA, y en la gran mayoría de las competiciones, cuando se extrae una igualada hay distintas formas de establecer y focalizar las pertinentes valoraciones y justificaciones. Vamos que hay puntos sin más contenido por detrás y auténticos puntazos. Todos tienen el mismo valor numérico, pero distinto ascendente desde una vertiente psicológica. He ahí el quid de la cuestión del heroico punto conseguido ante el Real Madrid en el feudo del Estadio Ciudad de Valencia. Sin lugar a dudas fue un puntazo en toda regla; un empate con sabor dulzón a victoria para la totalidad de los estamentos granotas. No hay debate posible. Nada mejor para seguir creciendo que plantarle cara al Real Madrid.

El último del pelotón de la Primera División, desde un prisma estrictamente económico, salió respondón y, con sus armas y virtudes, tuvo la capacidad de enfrentarse con argumentos sólidos a la corte galáctica del proyecto que encabeza Mourinho. Lo del puntazo no es anecdótico a juzgar por las muestras de júbilo emitidas por la grada siempre en equidad en el marcador. Desde la ovación cerrada cuando los gladiadores de Luis García abandonaban el terreno de juego a la conclusión de los cuarenta y cinco minutos iniciales en señal de aprobación, incluyendo en este particular registro de Orriols las pruebas de incuestionable e inequívoca lealtad a la causa cuando el enfrentamiento entraba en pleno vuelo descendente y el Madrid apretaba, hasta el aumento de voltaje unánime cuando el árbitro decretó el final de un duelo que se hizo muy largo por la virulencia del ataque madridista comandado por Pedro Léon.

La sintonía de la masa social con los catorce titanes que se batieron el cobre con dignidad y honradez con el poderoso Real Madrid fue letal; un muestra sumamente poética de los nuevos aires que corren por el club centenario de la ciudad de Valencia. El batallón de Luis García luchó ante la sociedad madridista hasta la extenuación, limitando con el final de sus fuerzas, con el tesón, la garra y el pragmatismo de las tropas de la antigua Esparta. Lo de la versión espartana del grupo no resulta superfluo. La disciplina y el sentido colectivo que evidenció la escuadra granota fue una de las causas supremas en la búsqueda de explicaciones sobre las que justificar la desnudez del cara a cara que mantuvo ante el Real Madrid durante los noventa minutos.

El Levante no decayó y su espíritu de supervivencia aumentó al paso de los minutos cuando Pedro León ingresó en el pasto verde confiriendo un plus añadido de peligrosidad. El técnico local volvió a armar con argamasa, como aconteció en Almería, dos líneas confeccionadas por cuatro jugadores parapetando la meta de Reina. La finalidad última era resguardar la meta levantinista de contingentes y perturbaciones. Y el foco de las perturbaciones era amplio a partir de la nómina de futbolistas que integran el ataque del Real Madrid. En la exposición que presentó con firmeza y voluntad el Levante prevaleció el orden defensivo sobre cualquier otro aspecto.

Los jugadores tenían claro este axioma. Era vital para mantener la esperanza indemne. Sergio y Xavi Torres se aplicaron con celo en esta tarea en la medular. Juanlu y Xisco Muñoz se multiplicaban para tapar las bandas ofreciendo ayudas a Del Horno y Cerra. Únicamente desde una defensa cerrada podía opositarse a un buen resultado. El Levante dejó atrás la bisoñez de los duelos inaugurales y mostró experiencia. En el cómputo general de la confrontación el peso de la retaguardia fue muy superior al ascendente de la vanguardia. Nadie puso en tela de juicio este planteamiento, conscientes, quizás de las sobresalientes divergencias que encarnan ambos adversarios.

Así que el Levante preparó una emboscada atrás en cada acción madridista y trató de sobrevivir aplicando la guerra de las guerrillas y buscando la contra con salidas marcadas por la rapidez en la transición. El Real Madrid en muchas fases de la confrontación se atascó básicamente porque no encontró espacios por donde atacar a tan nutrida defensa y cuando los encontró estuvo carente de la velocidad necesaria. El Real Madrid nunca dio síntomas de que su alma acompasara al ritmo del partido. A pesar de su falta de oxígeno, concretó varias acciones de gol. La más clara del acto inicial paso por la cabeza de Cristiano Ronaldo. Sin embargo, la respuesta de Reina fue exquisita.

La actividad de Ronaldo fue incuestionable como también los síntomas de frustración que evidenció principalmente cuando se cruzó con Del Horno en un punto del césped donde no convergía el balón. Su reacción ante el defensor no fue la más ortodoxa y alteró el estado de los dos técnicos. El Levante vivió su pasaje más determinante en el tramo primero de la reanudación. El equipo rondó las inmediaciones de Casillas. Luis García se refirió a esta posibilidad en la previa. El preparador sabía que sus pupilos tendrían un instante para soñar. No obstante, el encuentro regresó al punto de arranque.

El control del juego volvía a ser propiedad del Real Madrid aunque quizás fuera más ficticio que real hasta que apareció por el campo Pedro León. La aportación del exjugador granota fue exponencial al aumento de peligrosidad de las huestes blancas. El cansancio nubló las razones blaugranas y convirtió el tramo último en un suplicio aunque los levantinistas luchaban como jabatos. León seguía corriendo el perfil derecho del ataque madridista centrando con mucha intención. En el último suspiro lideró la postrera ocasión foránea en un Ciudad de Valencia que quedó paralizado por el miedo ante el temido desenlace que no llegó a materializarse porque los hoplitas granotas mantenían una fe sideral.