Hay cuestiones en el Ciutat de València que amenazan con convertirse en eternas; una de estas condiciones afecta a la naturaleza guerrera y belicosa que exhiben los jugadores adscritos a la causa granota. Parece un gen que se propaga con celeridad por las entrañas del vestuario azulgrana confiriendo una identidad propia y característica. El Levante no concede ni una ligera tregua en los enfrentamientos. Los noventa minutos se convierten en una guerra de desgaste. Al Levante le sobra paciencia para sobrevivir y conocimiento del medio en el que se inserta. Y no se achanta nunca. Ni siquiera cuando parece fundido por los efectos de un calor asfixiante y pegajoso que envolvió al feudo azulgrana, pese a lo avanzado del horario. Siempre le queda un gramo de fuerza y de orgullo para tratar de morir matando. Lo sufrió un Atlético, que nunca negoció la posesión del esférico, en el suspiro definitivo de la confrontación. Gekas salió a la velocidad del sonido desde el medio del campo con Michel y Juanlu desdoblándose por el flanco diestro y zurdo. El atacante heleno decidió abrir hacia el perfil derecho por donde se perfiló Michel. La acción en su génesis aventuraba un plus de peligrosidad mucho mayor que en su epílogo. No obstante, marca un paradigma; este Levante nunca se rinde. Es algo consustancial al equipo.
El partido murió en las inmediaciones del área de Courtois. En realidad, el ocaso del duelo coincidió con su epifanía. El Levante pisó el área del arquero colchonero en los minutos iniciales. Lo hizo con determinación y prestancia. El cancerbero atlético tuvo problemas para rechazar un centro de Barkero, pero no pudo oponer ningún tipo de resistencia a la diana procedente de las botas afiladas de Nabil El Zhar. La puesta en escena del Levante fue convincente. El atacante franco-marroquí se encontró en el balcón del área con un balón sin dueño. Su gesto técnico en la ejecución definitiva fue realmente brillante. Un golpeo sedoso y duro a la vez que levantó a los aficionados del feudo blaugrana de sus asientos. Courtois no fue capaz de interponerse entre el esférico y la red. El gol revela más información sobre este Levante que como los supervivientes se aferra a la vida. Un balón suelto en un saque de esquina que quizás el Atlético no defendiera con una gran intensidad fue suficiente para golpear al adversario. La atención es determinante para sacar réditos de este tipo de situaciones.
El gol varió el diseño del partido. El Levante demostró en infinidad de partidos durante el curso anterior como negociar este tipo de marcadores tan exiguos. Su fiabilidad era asombrosa. Lo cierto es que el Levante se replegó como suele acostumbrar. Ballesteros volvió a emerger. Es el líder espiritual del colectivo y, además, tiene conciencia de caudillo. Su lucha con Falcao fue titánica durante la totalidad de la confrontación. Sin embargo, quizás al grupo le faltara mayor clarividencia para encontrar huecos por los que atajar en dirección hacia Courtois. Es la otra parte del plan ideado. La impermeabilidad defensiva se corresponde con salidas veloces y matemáticas. Al Levante le faltó un punto de precisión y de sincronización en ese capítulo del juego y cuando lo encontró Iborra hizo que el larguero se estremeciera de dolor. En ese momento del partido, Arda ya había hecho capitular a Munúa.
El atacante atlético, sobre el que gravitó el juego foráneo, encontró un resquicio para colocar la pelota en la escuadra del arquero uruguayo. No hay mucho que objetar desde un prisma colectivo. La magia cotiza al alza. La acción de Arda fue ejemplar en su origen, definición y conclusión. En apenas veinte minutos la grada del Ciutat había visto dos auténticos golazos y dos maneras de entender la práctica del fútbol. El Levante se desperezó en los minutos finales del primer acto. Juanlu y El Zhar trataron de acompañar a Iborra y a Ángel, quien ponía los cinco sentidos en sobrevivir en un medio terriblemente hostil repleto de gigantes que triplicaban su talla. Pedro López, Nabil El Zhar e Iborra fabricaron quizás la jugada más eléctrica que concluyó con un agresivo disparo del mediocentro que escupió el larguero de Courtois. El paso por los vestuarios equilibró los ánimos y el sentido del enfrentamiento. El Levante se aplicaba en defensa para mantener a raya a los delanteros atléticos. Juanlu recorría la banda izquierda recuperando sensaciones perdidas. Y en el último suspiro el Ciutat de València contuvo la respiración. La acción flota en la mente de los seguidores locales; marca de la casa. Salida voraz de Gekas que Michel no puede materializar.