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Primer equipo
Un punto para recuperar la estima
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No era una final, porque habría que desterrar tal termino en el mes de octubre cuando la competición liguera anunciaba el nacimiento de la octava jornada del curso, pero sí que podía calificarse de reválida la confrontación que cruzaba sobre el verde del RCDE Stadium al Levante y al Espanyol. Y posiblemente era una reválida más psicológica que deportiva para las huestes azulgranas. Andaba la moral granota ajada y algo maltrecha después de encadenar dos derrotas consecutivas ante el Betis y el Alavés. Y la distancia entre el duelo disputado frente a la escuadra alavesa en los márgenes del Ciutat de València y la confrontación ante el Espanyol parecía eternizarse por mor de los compromisos internacionales de clasificación para el Mundial del verano de 2018 en Rusia. Así que el Levante afrontaba en tierras catalanas un encuentro para recomponer el alma y para recuperar la fe y el formato que había exhibido en la claridad del campeonato de la regularidad cuando fue capaz de minimizar al Madrid en el mismísimo Santiago Bernabéu. El Levante debía reponerse a los efectos perniciosos de los dos traspiés encadenados y no parecía una misión sencilla partiendo de las credenciales que caracterizan a su adversario. El Espanyol se distingue por jugar sin freno, básicamente cuando el balón llega hasta los costados. Y su ataque aparece plagado de jugadores que conocen el oficio. Parece innegable que después de un despertar algo errático, el equipo de Quique Sánchez Flores había metido la directa principalmente en los partidos disputados al amparo del RCDE Stadium. El Deportivo de La Coruña y el Celta de Vigo fueron sus últimas víctimas antes de caer ante el Real Madrid. El bloque blanquiazul había conjugado fútbol y goles. La dificultad era manifiesta para el grupo levantinista que abandonó el feudo de Cornellà-El Prat en paz consigo mismo después de conquistar un punto que adquiere relevancia porque permite resquebrajar una tendencia negativa de resultados.

La capacidad de sufrimiento del colectivo y su derroche físico fue superlativo. El Levante recuperó su estima y su orgullo en la casa del club perico. Volvió a comportarse como ese equipo rocoso y duro que complica la existencia a su oponente. En realidad, el equipo de Muñiz salió al verde con la intención de alejar fantasmas. El partido nació como un interrogante que había que despejar y que afectaba a la naturaleza del grupo. La pregunta era incuestionable. ¿Recuperaría el Levante las virtudes que le guiaron en los duelos ante el Villarreal, Valencia, Real Madrid o Real Sociedad? O por el contrario, ¿caería preso de la melancolía como aconteció en la segunda parte del duelo ante el Betis o durante el choque ante el Alavés? No tardó en exceso en despejar las posibles dudas. El Levante agarró el partido desde la convicción como tratando de confirmar que los dos contratiempos últimos formaban parte del olvido. Su espíritu nunca decayó, por instantes se expresó con determinación y pese a que el sufrimiento amenazó con ahogarlo, en diversas fases de la confrontación, siempre ofreció argumentos e indicios para seguir enganchado al encuentro. En ese sentido, el Levante nunca se desconectó para alejarse de la ruta que marcaba la cita y mantuvo una lucha leal contra sí mismo y contra el Espanyol. Fue un partido trepidante desde una perspectiva global con dos escuadras que decidieron poner cerco las porterías contrarias, si bien estuvieron faltas de puntería para concordar con el gol.

El Espanyol concedía espacios. El equipo blanquiazul erraba en la salida desde atrás. Ivi cazó un contragolpe en los primeros minutos que concluyó con un disparo de Morales. Lerma, una de las novedades en el diseño del once que regresó tras superar una lesión muscular que le mantuvo inactivo en las postreras semanas, se encontró un balón sin dueño en el balcón del área y Luna conquistó la línea de fondo, aunque no logró combinar con Nano en la configuración del pase definitivo. El Levante se manifestó con contundencia, si bien el Espanyol no se amedrantó. Fue una constante en el desarrollo del enfrentamiento. Los dos equipos se emplearon desde la valentía y también desde el coraje. Piatti, Gerard y Baptistao revolucionaban el partido desde la velocidad. Baptistao tuvo la ocasión más clara ante la meta de Raúl. El Levante respondía a través de las botas de Morales e Ivi. El atacante madrileño rompió el cuero nada más comenzar el segundo acto. La respuesta de Pau fue realmente exquisita. El partido no mudó sus caracteres. La grada agradecía el planteamiento defendido por cada uno de los adversarios. Eran dos bloques revoltosos. Raúl surgió de la nada para interceptar un remate letal de cabeza de Gerard. El esférico cayó a los pies de Baptistao, pero su remate marchó al limbo. El arquero volvió a materializarse. Raúl tiró de reflejos y mostró una sobresaliente capacidad de reacción para negar un cabezazo de Sergio García. El meta se rehízo a la velocidad del sonido desde el suelo para agigantar sus manos. El partido concluyó con un remate de Gerard invalidado por el colegiado por falta del atacante sobre Luna y con los jugadores del Levante celebrando un marcador que permite rompe una inercia complicada.


RCD Espanyol: Espanyol; Pau, Navarro (Sergio Sánchez, min 57), Aaron, Gerard, Jurado (Sergio García, min 57), Baptistao, David López, Fuego (Granero, min 73), Piatti. Hermoso y Darder.

Levante UD: Levante; Raúl, Doukouré (Rober Pier, min 39) Chema, Lerma, Morales, Ivi, Postigo (Bardhi, min 77) Nano (Boateng, min 66), Pedro López, Luna y Campaña.

Árbitro: Árbitro; Undiano Mallenco. Comité Navarro. Mostró cartulina amarilla a Nano, Postigo, Morales, Hermoso y a Javi Fuego

Goles: