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Primer equipo
Un punto para reforzar una idea (0-0)
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Hay partidos que concluyen con un empate que puede dejar una sensación de vacío sobre la conciencia de los dos adversarios. Hay empates inocuos y carentes de valor, pero también hay empates que superan en mucho el valor que emana de la propia igualada. Es decir; hay encuentros que finalizan en empate que sirven de refuerzo psíquico y mental sobre la mente de los jugadores. Son batallas que valen mucho más que la cotización del punto aprisionado. Son igualadas que ofrecen una información rica y suplementaria a partir de un análisis más exhaustivo y detallado de la intrahistoria de la confrontación. El duelo entre el Levante y el Sevilla acabó en tablas, pero con una evocación, quizás algo ejana pero real, de lo que puede ser el juego del grupo que conduce Joaquín Caparrós en un futuro más o menos cercano. No hay que olvidar dos premisas incuestionables en este proceso; el Levante aterrizó en el feudo de Orriols con el estigma que supuso la onerosa derrota frente al Barcelona y en pleno proceso de reconversión después de una pretemporada con distintos movimientos en su tramo final. En los partidos también hay imágenes que acentuar. El duelo nació con el grupo granota acogotando la meta de Beto. En apenas un par de minutos fue capaz de propiciar tres saques de esquina que generaron dudas en el colectivo sevillista. Si se trataba de cerrar las heridas abiertas en el Camp Nou y de combatir ante un adversario que se ha manejado con soltura y con posibles en el mercado estival, el Levante escogió un camino que le puede reportar beneficios.

El grupo que conduce Caparrós compitió ante uno de los grandes de la Liga. Lo hizo sin titubear y tratando de mantenerse fiel a sus proposiciones futbolísticas, pero sin obviar que el balón puede ser un excelente y próspero acompañante en la canalización del fútbol si se trata con esmero y con cuidado. La escenografía azulgrana parecía clara. El equipo se movía como un acordeón acompasado sobre el verde con las líneas muy juntas presionando a su oponente. No había puntos de fuga, ni fisuras. Había que replegar velas y soltar amarras cuando la ocasión así lo requería. Quizás el arquetipo de la interpretación de este concepto lo materializó Rubén. El canterano le robó la cartera a un atacante blanco para estructurar una contra que él mismo decidió ordenar. En su veloz carrera, con el balón imantado, escrutó las posibilidades que el paisaje le ofrecía. Su radar detectó la entrada por la derecha de Sérgio. El disparo del centrocampista portugués se marchó fuera.

La pierna izquierda de Rubén rezuma fútbol y delicadeza y su esfuerzo durante el partido fue titánico. Es un futbolista con personalidad y estilo cuando se posiciona sobre el césped. Y muestra argumentos convincentes. El Sevilla no aparecía por los márgenes del Ciutat. En cierto modo porque el Levante se lo impedía. El equipo de Emery no lograba salir con claridad desde atrás. Era un equipo detectable para su oponente. Su dominio del balón era inocuo. Únicamente Marin generaba contradicciones cuando decidía marchar hacia las cercanías de Keylor Navas. El intervencionismo de los entrenadores se manifiesta en la toma de decisiones que pueden ser calificadas de arriesgadas. Caparrós optó por confeccionar una medular integrada por Sérgio y El Adoua. El portugués es uno de los especialistas del plantel.

No parece el caso del marroquí. Acostumbrado a ubicarse en el eje de la zaga y a cerrar los costados durante la pretemporada, El Adoua no dio muestras de sentirse incomodado en este cometido. Su rigor táctico es intachable y con el cuero en los pies no se siente perturbado. Apela a la practicidad y recorre todos los puntos de la geografía de la medular ofreciendo su ayuda y colaboración. El Sevilla sintió el aliento del Levante. La acción de Sérgio se vio correspondida por una colada de Pedro Ríos que rozó la línea de gol. Y más tarde con un disparo a quemarropa de David Navarro, tras una suprema falta ejecutada por Sérgio, que Beto abortó con dos apariciones espectaculares. Para entonces el duelo había cambiado y Gameiro lanzó por encima de la meta de Keylor tras un error de Vyntra. En ese momento el Levante prefería vivir a la contra ante los espacios que ofrecía el Sevilla. El paso del tiempo mermó la resistencia de los jugadores, pero nadie perdió la concentración. Ni la seriedad para estrechar un buen punto.