Quizás haya que remontarse en la cronología hasta enero de 2004 para aventurar la última noche de pasión azulgrana en el formato de la Copa del Rey. Aquella jornada traslada la secuencia al tiempo de los héroes que finalmente conquistaron, precisamente ante el Xerez en el Estadio de Chapín, escenario en el que Levante inaugurará mañana su expediente del curso copero 2010-2011, el ascenso a Primera División rompiendo con una carestía que se prolongaba por espacio de cuarenta años. Y aquella noche, de notorio recuerdo, contextualiza la acción en el Nou Camp en el partido de retorno de la eliminatoria de los octavos de final. La imagen de Edwin Congo en la esquina del coliseo celebrando el gol preludió una conclusión agónica para el F.C. Barcelona.
A salvo de la catástrofe durante más de ochenta minutos, la diana del ariete colombiano añadía picante puesto que un nuevo gol de la escuadra de Manuel Preciado significaba la conquista y redención de un territorio y de un colectivo inexpugnable a partir de las cuantiosas diferencias que alejaban a los contendientes. Sin embargo, aquel Levante de espíritu romántico y de corazón solidario y guerrero puso en solfa ese principio de autoridad frente a la entidad culé como, con anterioridad, había sucedido en los márgenes del Estadio Ciudad de Valencia en la confrontación previa adscrita a dieciseisavos de final. El bombo emparentó al grupo azulgrana frente al Mallorca. No era un rival menor.
El conjunto balear iniciaba la defensa del título alcanzado como epílogo al curso anterior en el coliseo de Orriols. El Mallorca cayó en el primer asalto cautivo por la calidad del fútbol local y preso de la voracidad anotadora de Aganzo. El atacante disfrutó de una jornada de felicidad en las inmediaciones de la portería mallorquina que determinó el avistamiento de un encuentro imponente ante el Barcelona que se resistía desde fechas inmemoriales. La estela copera del Levante se difumina en torno a estos partidos si el tiempo transcurre en dirección hacia el presente. No hay excesivas noticias de las huestes azulgranas en esta competición en este espacio. Ni instantes para la épica en un formato que suele conjugar habitualmente con la sorpresa.
El Levante se estrelló el curso pasado ante el Huesca en la segunda eliminatoria, en su estreno, tras la disputa de un partido ante el Huesca en el Estadio Ciudad de Valencia solventado desde los once metros ante la acuciante falta de puntería de los contrincantes en el cómputo general de los noventa minutos y el suplemento añadido. No era una tendencia nueva. Un año antes, ejercicio 2008-2009, su paso fue efímero tras perder ante el Hércules (2-1) en Alicante. La situación se correspondía con el rastro fugaz de la temporada 2006-2007. Como primerdivisionista debutó y se despidió del trofeo en dieciseisavos de final con el Atlético de Madrid como rival. La victoria a la orilla del Manzanares con gol incluido de Nino quedó neutralizada en el barrio de Orriols.
Los penaltis volvieron a marcar el cruel destino blaugrana. En el regreso a la categoría de Plata, campaña 2005-2006, fue el Eibar, un adversario por tradición letal, quien castigó al Levante sin más presencias coperas en la segunda eliminatoria que reunía entre sí a la representación de la Segunda División A. Y la era Schuster, en este universo, saltó en mil pedazos en Gramanet tras una eliminatoria previa frente a la Badalona que decantó del bando levantinista Aizpurúa desde los once metros. Únicamente hay un soplo de aire fresco en la campaña 2007-2008. En un contexto crítico, el Levante amarró un empate que se escapaba en el feudo de Los Juegos del Mediterráneo en Almería validando la victoria inmediata en Orriols aunque la impresión posterior fue pasajera tras someterse al Getafe.