Quizás contagiado por los efectos revitalizadores de ese sol del Mar Mediterráneo, a orillas del Atlántico, que iluminó la ciudad de Vigo desde el amanecer del día. O quizás porque todavía era perceptible ese torbellino de emociones que alumbró la legendaria victoria ante el F.C Barcelona del pasado fin de semana. Lo cierto es que la puesta en acción del Levante en el coliseo de Balaídos, en el ocaso de la competición liguera, fue sideral. Rochina compendió la imaginación y el atrevimiento de un grupo que ha asombrado al balompié español con una reacción de coraje y de fe digna de alabanza que le permitirá partir entre los escogidos la próxima temporada en el marco de la elite. El Levante regresará a tierras gallegas para medirse al Real Club Celta de Vigo el ejercicio que ya comienza a acercarse. Rochina, una de las novedades de la cita, tal y como había planteado Paco López, hizo saltar la banca en mil pedazos. El atacante fue despiadado en una sacudida supersónica que convulsionó a la grada del feudo celeste. Sergio cayó rendido a sus pies. Rochina hizo prisionero al arquero de la escuadra celeste. Entre Pedro López y Morales andaba el juego. Era el minuto diez. El balón cayó sobre el vértice de la frontal del área. Nada aventuraba el desenlace finalmente propuesto.
Rochina giró sobre sí mismo para anular al defensor con una acción de prestidigitador. Escondió el cuero y sacó su fusil. El proyectil que surgió de sus botas lamió la escuadra de la meta local. Fue un lanzamiento teledirigido sin respuesta por parte del cancerbero. El Levante mandaba en el marcador. Y Morales rozó el segundo gol en una colada que acentúa sus prestaciones como jugador; verticalidad y velocidad. No obstante, el partido viró. Y de manera radical, un aspecto que no debe enturbiar todo lo acontecido en los últimos tiempos en la institución del barrio de Orriols. Sucede que enfrente del Levante apareció Iago Aspas para liderar la remontada celtiña. Colaboró con goles Maxi Gómez. Aspas no es un jugador de perfil secundario. No es un neófito. Y por lo visto sobre el pasto, durante la evolución de los noventa minutos reglamentarios, hay una dependencia absoluta entre sus movimientos y las manifestaciones del Real Club Celta. Hay una causa-efecto.
Los picos del Real Club Celta coincidieron con su mejor versión con el esférico imantando a sus botas. Si Aspas sonríe, peligro. Si Aspas reclama la atención del rival el peligro se multiplica por mil. Y el canterano comenzó a aparecer al filo del minuto veinticinco para dimensionar al Celta y empequeñecer al Levante. Lo hizo alternando su presencia por las dos esquinas del ataque como si tratara de jugar al despiste con la finalidad de martirizar el pensamiento de los defensores granotas. Fue indetectable, una constante en su carrera. Los motivos para adquirir efervescencia se agolpaban en la mente del jugador gallego. El reflejo de la convocatoria para el Mundial de Rusia del verano refulge, desde un prisma más personal, y la posibilidad de superar la histórica barrera de los 23 goles también. Mientras estuvo en el campo se convirtió en un factor determinante en el cambio de guion propuesto por el Celta.
El fútbol local gravitó sobre su figura. Fabricó la igualada conquistada por Maxi Gómez tras pisar el perfil derecho del ataque local con determinación. Y engordó su expediente personalizado con la asunción de dos dianas más. En la segunda diana fue la génesis y también la conclusión. Fue omnipotente por las cercanías del perímetro defensivo azulgrana hasta que Unzue decidió recluirlo en el banquillo. Tocó Iago Aspás, pero la sintonía fue compartida por el resto del grupo. El Celta de Vigo se comporta así. Es un equipo de contrastes emocionales. Puede ser devastador en el vértigo o ausentarse de la confrontación. En la recta definitiva del primer capítulo y durante el nacimiento de la reanudación acorraló al Levante en su área. Koke, en su estreno en la elite, tiró de reflejos para aumentar su autoestima. En esa fase del enfrentamiento cimentó una remontada que Morales trató de acortar con el décimo gol del ejercicio en recorrido.
RC Celta: Sergio Álvarez; Hugo Mallo, Sergi Gómez, Roncaglia, Jonny (Mazan, min.67); Radoja, Lobotka, Jozabed (molina, min.86); Wass, Iago Aspas (Boyé, min.67) y Maxi Gómez.
Levante UD: Koke; Pedro López, Chema, Cabaco, Luna; Jason, Campaña, Lukic, Rochina (Fahad, min.75); Morales (Bardhi, min.75) y Sadiku (Pazzini, min.58)
Árbitro: De Burgos de Bengoetxea (comité vasco). Amonestó a Cabaco, Chema y Luna por parte del Levante.
Goles: 0-1, m.11: Rochina; 1-1, m.28: Maxi Gómez; 2-1, m.40: Iago Aspas; 3-1, m.47: Iago Aspas; 4-1, m.62: Maxi Gómez; 4-2, m.73: Morales.