Ni los cinco goles que cayeron en la red de Gustavo Munúa pueden reprochar la actitud ejemplar mostrada por el Levante en uno de los santuarios del fútbol mundial. El Levante peleó en feroz combate en un territorio plagado de dificultades hasta el minuto ochenta de la confrontación. Ese punto del partido marcó una perceptible frontera; fue un limes terrorífico por sus consecuencias y significado. En ese espacio del duelo, y con la perspectiva que marcaba una desventaja muy exigua en el marcador, ante un constelación de estrellas, decidió que quizás era el momento de lanzarse a por una igualada que tocó con la yema de los dedos con un remate desde la frontal del área de Acquafresca, que rozó la meta de Diego López, y un disparo alto de Barkero tras una colada de Valdo, quien ganó una pugna ante el arquero local en un balón en profundidad que no interceptó la retaguardia blanca. Si había que morir que fuera con las botas puestas y a la búsqueda de un meritoria empate. La respuesta del Real Madrid en ese intervalo del juego quizás se convirtió en una metáfora de.perfil que caracteriza al colectivo que prepara José Mourinho; el Real Madrid es temerario y devastador cuando cuenta con espacios y su pegada resulta superlativa. El Levante comprobó en primera persona la virulencia madridista en diez minutos que fueron aterradores y definitivos en el cómputo general de la confrontación. El Levante en ese instante se desvaneció.
No está al alcance de todas las escuadras que se posicionan sobre el verde del Estadio Santiago Bernabéu en partido oficial generar una sensación de desasosiego sobre su adversario en distintas fases de la confrontación. El Levante en cierto modo lo consiguió durante el primer acto y parte de la sgunda fase. La sociedad azulgrana fue capaz de batallar la confrontación desde su nacimiento hasta prácticamente el suspiro final. Lo hizo con determinación. En ese sentido, el bloque fue fiel a sus postulados. Se organizó con astucia y con rigor y un orden metódico para impermeabilizar la meta de Munúa. Fue la primera consigna de un bloque que nunca perdió de vista la latitud contraria que marca la portería de Diego López. El guion estaba claramente perfilado; dos líneas agrupadas y compactas entre sí con el fin de evitar filtraciones inoportunas.
Todos los jugadores se entregaron a la causa. Acquafresca, Michel y Pedro Ríos y Rubén se convertían en la primera trinchera que el Real Madrid debía conquistar para acercarse a los dominios de un inexpugnable Munúa como demostró en un remate aristado de Kaká desde el borde del área que sacó con firmeza estirando las manos. Kaká fue el jugador más determinante en el nacimiento del partido para el Real Madrid. Siempre recibió en condiciones para sembrar la duda. Sus arrancadas desde atrás parecían letales. No había formula para arrestar al brasileño. El Levante sobrevivía en un escenario muy complejo. No es una novedad afirmar que se siente seguro en este tipo de partidos. Nadie discute que el dominio del balón es una propiedad que monopoliza su contrario, pero ese aspecto no significa que claudique. El Levante se resistía a pertecharse sobre sus dominios en exclusiva.
El equipo quería expresarse. Lo hizo Acquafresca en una salida veloz que ajustó sobre el palo largo de Diego Lópéz. El Levante encontró en la velocidad y en el contragolpe una ecuación para generar peligro sobre el arco blanco. El gol fue un paradigma de esa elección. Chris emergió desde la defensa para combinar con Michel. La combinación entre Michel y Pedro Ríos acabó con un pase atrás que materializó el atacante valenciano. Paradójicamente el gol varió el sentido del partido, quizás cuando menos parecía que pudiera suceder una revolución. Higuaín y Kaká voltearon el marcador en una acción espectacular del argentino, una volea diabólica, y tras aprovechar el brasileño un controvertido penalti decretado tras unas manos de Chris. El escenario varió, pero el Levante resistió en la segunda parte la puesta en acción del Real Madrid con Cristiano Ronaldo sobre el campo. Munúa comenzó a emerger, un síntoma de la trascendencia que adquiría el equipo blanco, pero el Levante se mantenía a flote y soñó con igualar los goles del Real Madrid en una aparición de Acquafresca y un remate de Barkero. Fue el prólogo de un final desolador.