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Primer equipo
Una permanencia heroica que redunda en la fortaleza y el compromiso del grupo
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El Levante consagró su condición de equipo militante para la Primera División de la próxima temporada en virtud del punto conseguido en la tarde-noche de ayer en el feudo de Mestalla en una noche hermosa y repleta de alegoría para la totalidad de los diversos estamentos que componen la sociedad centenaria. No erró la escuadra que dirige Luis García ante el Valencia en una confrontación, repleta de intensidad y de dramatismo, que el Levante tuvo que afrontar en inferioridad sobre el pasto verde durante más de setenta minutos tras la tempranera expulsión de Xisco Nadal. El derbi de la ciudad dibujó un partido repleto de emociones. Por instantes, la potencia y la fuerza del partido fue superlativa. No hubo tregua, ni ningún tipo de concesiones adicionales entre los rivales en un choque borrascoso.

El Levante atrapó en el coliseo de Mestalla la salvación definitiva tras unas semanas marcadas por la ansiedad y fijó su expediente particular en la clasificación general en cuarenta y cinco puntos. La enorme profundidad de los números denuncia el grado de dificultad del ejercicio. Parece complejo encontrar un paisaje similar en las últimas temporadas. No hay precedentes de un final de Liga tan abigarrado como el que se prevé para la próxima semana en muy distintos y diferentes escenarios. Seis equipos se juegan la vida. Y únicamente uno visitará el infierno. No es una simple hipérbole. Hay una particularidad que singulariza la tremenda complejidad del vigente curso; todos los clubes inmersos en la lucha por la permanencia en la jornada trigésimo octava han sobrepasado la frontera de los cuarenta puntos, una barrera que, por citar un ejemplo contundente, en la pasada temporada habría significado la validación de los objetivos establecidos en la categoría puesto que el Málaga eludió el averno tras conquistar treinta y siete puntos.

Caicedo, Valdo, Xavi Torres y Munúa, todos ellos con pasado en la institución malacitana en ese momento, conocen esa tesitura. Y el Levante ha necesitado siete puntos más para poner final al desasosiego que le acompañaba en los tiempos recientes. Cada punto era una aventura. Y cada punto sumado, paradójicamente, parecía elevar el listón de la permanencia un poco más en las últimas jornadas. Y, en función de los resultados del fin de semana, no sería descabellado que el descenso a Segunda División A pudiera quedar contextualizado en cuarenta y cuatro puntos; una cifra que redunda en la dificultad extrema de la empresa. Así que la permanencia adquiere tintes de heroicidad. En ocasiones, parecía un jeroglífico irresoluble. El Levante de la temporada 2010-2011 se insertaba en este ecosistema tan dramático.

Es evidente que si algo enfatiza este recorrido es su complicación y, por ende, la enorme capacidad de sacrificio del colectivo azulgrana para perpetuar su nombre entre los miembros de la elite durante un año más. No ha sido un camino de fácil tránsito para el presupuesto más ínfimo de la Primera División. El Levante superó oscilaciones y crisis de resultados que pusieron a prueba su estabilidad. La paz social ayudó sobremanera en la consecución de los retos. A la vista de los dígitos y en función de los valores estadísticos propuestos habría que resaltar que no ha sido una permanencia cualquiera. No ha sido menor. Su tasación ha sido elevada; una salvación a precio de oro que ha dimensionado el compromiso y el talante aventurero de una plantilla honesta capaz de sobreponerse con severidad y argumentos a los contratiempos que fueron surgiendo por un itinerario escarpado. Por esos misterios, que nunca suelen ser sencillos de resolver, el reencuentro del Levante con el marco de la Primera División ha determinado la respuesta más exquisita del grupo. El fundamentalismo de este planteamiento le ha llevado a un éxito que muy pocos preveían cuando la competición nacía.