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Primer equipo
Una victoria desde la fe y el convencimiento (2-1)
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Por si alguien desconocía las credenciales del Levante y sus características y la forma que tiene de entender el fútbol, los jugadores decidieron presentar su carta magna en el choque dominical frente a la Real Sociedad saldado con el primer triunfo del ejercicio en el escenario en el que afronta cada uno de sus duelos como local. Los pupilos de Luis García se acogieron con determinismo a la fe, al ardor y a un nihilismo guerrero para reclamar y volver a certificar que no está de paso por el umbral de la máxima categoría del fútbol español en su retorno a la Primera División. Y el colectivo blaugrana está dispuesto a secarse por dentro. Está preparado para derrochar toda la sangre que es capaz de fluir desde su enorme corazón para aferrarse al marco de la elite.

Lo hace con obcecación y dedicación llevando los enfrentamientos en los que participa hasta límites insospechados en el plano físico y mental como haría un soldado fundamentalista luchando en plena guerra santa. Y el grupo conjuga ese espíritu con un ideal pretoriano que le hace luchar al máximo. En cada balón y en cada movimiento marcha el partido. Y cada partido se convierte en una prueba más de certidumbre y confianza en un credo. Únicamente desde esta perspectiva se entiende la evolución de la victoria. El Levante marcó por mediación de Del Horno y Caicedo y acabó situado en la frontera de la extenuación con un parte de lesionados que se amplia y con varios jugadores con problemas físicos que amenazaban con quedar desplomados sobre el césped del Estadio Ciudad de Valencia.

Parece una metáfora y una bella imagen que concordó con la épica que acompañó al triunfo ante un adversario que despertó en los minutos finales más por la necesidad y las coordenadas del guión que marcaba el choque en ese punto que por el convencimiento y la credulidad en sus posibilidades. La confrontación ante la Real Sociedad generaba temores en el entorno del levantinismo. Por las singularidades del adversario, un grupo rocoso y recio que convierte los duelos en un infierno, pero ante todo por el perfil de partido que surgía por el horizonte. El orden defensivo mostrado y aceptado por el Levante quedó fuera de toda duda ante las demostraciones grupales evidenciadas en los últimos choques. Pero el formato del partido reclamaba una respuesta distinta.

Y las interrogaciones cernidas se difuminaron con celeridad. La clave al enigma se encontraba en la línea que integran los tres jugadores situados por detrás de Caicedo. Y los movimientos asociativos de esta terna de futbolistas provocaron vías de acceso a los dominios de Bravo. El Levante halló espacios inexplorados por los que progresar y rasgar la tupida tela de araña entretejida por el equipo de Martín Lasarte. Por los costados descubrió distintas soluciones. La periferia no fue invisible al envite. Unos metros por detrás el caudillaje compartido entre Xavi Torres y Sergio propició que la batalla por la medular se decantara del bando azulgrana. El anclaje de Sergio es incuestionable. Dota al grupo de personalidad. El enfrentamiento se disputaba en territorio realista y el esférico silbaba con peligrosidad por el interior del área del meta blanquiazul.

Sólo la esquiva fortuna mantenía en pie a una Real Sociedad algo desnortada. Los palos se aliaron con Bravo ante el creciente desasosiego de la grada. De la escuadra de Martín Lasarte no había excesivas noticias. Y su vocación atacante era prácticamente inexistente, pero el gol del Levante se resistía y la tensión aumentaba porque la historia del balompié está repleta de encuentros de este tipo resueltos de una manera muy diferente a la anunciada. La diana de Del Horno arribó en un instante supremo del duelo. Fue en cierto modo providencial porque reforzó al bloque local y desactivó al adversario. Y cerró las dudas que podían anunciarse. El gol proponía un viaje en el tiempo para retornar a San Mamés.

Del Horno solventó una acción que recordaba a su epifanía en el fútbol. Fue un gol que llegó desde la raza y festejó entre el éxtasis y la rabia. Del Horno voló al segundo palo para alcanzar un cabezazo ganador y reforzar su nivel de estima. Y el Levante tuvo la virtud de golpear con rapidez en una veloz transición que contactó con Caicedo. No tuvo piedad con un rival noqueado. El atacante aunó fuerza y sutileza en la resolución ante la estéril salida del cancerbero foráneo. Energía en la zancada y claridad. Brío en la conducción y sedosidad para citarse con el gol. Fulgor y suavidad. El suelo tiembla a su alrededor cuando se desplaza. Y no es fácil conjugar esos aspectos con el partido en estado avanzado. Su relación con el gol es edificante y corta en el tiempo; una productividad extrema. Como extremo fue el intento de reconducir la situación por parte de la Real Sociedad. La entrada de Sarpong generó angustia. Y el gol realista dibujó sombras y tenebrosidad aunque el Levante mantuvo la calma.

Levante: Reina; Venta, Ballesteros, Nano, Del Horno (Cerra, m. 66); Xisco Muñoz (Xisco Nadal, m. 50), X. Torres, Sergio, Juanlu; Rubén y Caicedo (Jordà, m. 68). No utilizados: Munúa; Robusté, Larrea y Stuani.

Real Sociedad:Bravo; C. Martínez, Mikel, Ansotegi, De la Bella; Xabi Prieto, Diego Rivas, Aramburu (Viguera, m. 85), Griezmann (Sarpong, m. 65); Tamudo (Zurutuza, m. 65) y Llorente. No utilizados: Zubirakai; Elustondo, Markel y Labaka.

Goles: 1-0. M. 60. Del Horno. 2-0. M. 64. Caicedo. 2-1. M. 78. Sarpong.

Árbitro: Teixeira Vitienes. Amonestó a Nano, Ansotegi, Griezmann y Juanlu.