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Primer equipo
Vendaval en el Ciutat de València (4-0)
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Una acción sobre el verde; una imagen que transmite los valores del Levante. Fue el prólogo del cuarto gol. La jugada nació desde la línea de córner. El esférico voló el cielo de Orriols para desplomarse sobre el segundo palo. Parecía que el peligro se disipaba, pero por allí apareció Juanfran con la finalidad de domesticar el balón. No fue fácil. El esférico regresó a las inmedicaciones de la meta defendida por Aouate. Entonces surgió Martins. El africano se rebeló contra el destino que parecía querer contradecir el desenlace final de la acción. No controló el balón que marchó hacia el punto de penalti. En ese espacio, se hizo la claridad más absoluta. Navarro adecuó el cuero sobre la bota afilada de Iborra y el mediocentro cerró la confrontación. La génesis de la jugada realza la mentalidad del grupo. Parece una aberración dar un balón perdido, por más que el marcador acentúe la patetente superioridad de la escuadra azulgrana. Así es el Levante; un bloque que lucha hasta la extenuación como lo hacían los espartanos cuando entraban en batalla. En ese momento de la confrontación no había atisbo de debate posible sobre el feudo de un Ciutat de València que brillaba ante la efervescencia que mostraba el colectivo que dirige Juan Ignacio Martínez.

El Levante firmó una matinal estupenda aunque la goleada y la solvencia que evidenció el grupo no esconden el grado de dificultad que tuvo el duelo en el capítulo inicial. Los equipos de Caparrós suelen caracterizarse por elperfecto dominio de los espacios. Son bloques sólidos y difíciles de resquebrajar. Se trata de un equipo que se organiza a partir de una perfecta situación sobre la geografía del terreno de juego. Quizás lo más llamativo de la escuadra balear fue el desplome que mostró tras el gol anotado por Martins en los minutos finales del primer acto. En cierto modo, el Levante se enfrentaba a un colectivo con el que comparte características por el modo que tienen de entender el juego. La sobriedad es una patente. El Mallorca suele generar dudas sobre su adversario. Va minando poco a poco a su rival hasta que claudica invadido por la desconfianza.

Desde ese prisma hay que acentuar la puesta en escena de la entidad de Orriols. El Levante fue estético por momentos. Su fútbol estuvo marcado por la calidad y el toque. Por imperativos del guión Juan Ignacio optó por una medular compuesta por Iborra y Barkero. La pareja amalgamó. Iborra se mostró imperial en tareas defensivas y en las últimas semanas no sólo se contenta con sellar la medular con hormigón. Iborra ha encontrado el gol, un aspecto que dimensiona su aportación. Por su parte, Barkero tiró de imaginación desde la línea de medios para poner en funcionamiento la maquinaria azulgrana. El Mallorca trató de fijar al Levante y mantenerlo alejado de los dominios de Aouate. La respuesta del Levante fue apoderarse del balón y comenzar una secuencia candenciosa de movimientos con el esférico como principal protagonista.

Barkero y Michel trataron de conectar por los flancos. El Zhar y Rubén estuvieron a la altura de la representación. A Rubén le sobra desparpajo y magia para enfrentarse cara a cara a sus defensores. No se arredra ante nada y se sacrifica en tareas defensivas. El Zhar ha recobrado la vitalidad en el presente curso. El Zhar capitalizó una de las acciones que definen al Levante. Aunque el partido transcurría por otros derroteros, con un Levante asociado al balón y más combinativo que vertiginoso en su salida, El Zhar vio la aparición explosiva de Martins. El africano tiró el desmarque y el marroquí colgó el balón sobre los dos centrales. Fue una milésima de segundo. Tiempo suficiente para que los zagueros perdieran de vista al atacante. A Geromel le entró una crisis de pánico. El central y Martins lucharon por un balón que tocó el delantero con la puntera para extasiar al Ciutat.

El gol premió la perseverancia del Levante. Pese a las complicaciones iniciales, el equipo granota mantuvo la calma y tuvo la paciencia necesaria para buscar el momento más oportuno y percutir sobre la portería mallorquinista. En ese sentido, fue un ejercicio de madurez. Todo cambió de repente. El paso por los vestuarios activó sobremanera al grupo azulgrana. El Mallorca se desnortó. Navarro aprovechó un saque de esquina para ampliar el marcador. Martins y Rubén entraron en acción de manera milimétrica. Martins vio la llegada por el costado izquierdo del canterano y Rubén se estreno como goleador. E Iborra selló una goleada edificante ante la mirada vidriosa y emocionada de Orriols. Fueron quince minutos convulsos que borraron de la faz de la confrontación al Mallorca conveniendo que este Levante es mucho más que un simple equipo que se expresa únicamente al contragolpe. Tiene calidad para acometer mayores empresas. Es un equipo ético, comprometido y tiene estética.