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El día que el Levante salió más líder del Sánchez Pizjuán

Atención, la fecha de publicación de esta noticia es: 24/02/2017 14:48h.

El Levante y el Sevilla Atlético emparejaron sus destinos la tarde del 20 de mayo de 1979 sobre el verde del Estadio Ramón Sánchez Pizjuán. El relato de la competición liguera acotaba sus últimas jornadas lo que viene a significar que cada encuentro adquiría unas connotaciones mayúsculas y de consideración ante el enorme valor y el contenido más que evidente que subyacía de la victoria. El calendario volaba hacia su ocaso con la sociedad azulgrana mirando de reojo desde el ático de la clasificación a sus más inmediatos perseguidores. El choque ante el filial sevillista correspondía a la semana trigesimocuarta del campeonato en el Grupo II de Segunda División B. En esa secuencia de la cronología nada estaba escrito con signos definitivos. Nada era concluyente y nada era rotundo. No obstante, la escuadra que preparaba José Antonio Naya desde el banquillo había despejado el camino tras abrir un considerable agujero con respecto al tercer clasificado en la tabla.

Cinco puntos ejercían de margen de separación entre el club de Orriols y el Calvo Sotelo antes de iniciar una nueva batalla futbolística sobre el césped del coliseo sevillista. Y según el dictamen que emanaba de los estatutos que reglamentaban la competición aquellas entidades que alcanzaran las dos primeras plazas obtendrían el pasaporte inmediato hacia el marco de la categoría de Plata. No había partidos intermedios. Ni cruces devastadores en pos del ascenso. La Liga premiaba la regularidad más absoluta. El Levante se posicionó en el coliseo sevillista convencido de sus posibilidades. Una semana antes se había manifestado con energía ante el Olímpic de Xàtiva (8-0) en el Nou Estadi de Orriols. El gol marcó el desarrollo de la confrontación. Parece una evidencia. Aquel triunfo tonificó sus ánimos y la huella de los puntos fue perceptible en la clasificación.

El Levante reconquistó un liderato que durante muchas semanas compartió con el Nástic de Tarragona. La lucha entre la entidad catalana y la representación azulgrana fue titánica. Los dos equipos intercambiaron golpes durante infinidad de semanas para instalar su bandera en el punto más alto como generales de la categoría. El Ceuta y el Calvo Sotelo surgían amenazadores, un escalón por detrás, dispuestos a sacar rédito de cualquier contingente inesperado en forma de tropiezo. El principal capital de aquel Levante de finales de la década de los setenta fue su capacidad anotadora. Murua, Magdaleno y el ‘Tigre’ Barrios focalizaron la ruta del gol de un bloque que alcanzó la frontera de los ochenta goles al cierre del curso. No obstante, no fue su única virtud digna de enfatizar en un ejercicio excelso coronado por el retorno a la Segunda División.

Su retaguardia presentaba la consistencia de una aleación ignífuga como muestran los veinte goles que encajó Barrie. El cancerbero vasco adquirió distinción y consideración según iba avanzando la competición. Murua sorprendió a Domingo al filo del descanso, pero el enfrentamiento en Sevilla se agitó tras el penalti que materializó Choya en el descuento. Magdaleno rasgó la igualada en el nacimiento de la reanudación y Antoñito restituyó la igualada definitiva ya cerca del desenlace del duelo (2-2). El Levante que según rezan las crónicas del día después “no justificó su condición de líder” aprovechó el descuido del Nástic en Puertollano para aventajar en dos puntos a la entidad catalana y afianzar una autoridad ya inquebrantable como demostró apenas unas semanas más tarde certificando su retorno a la elite tras la victoria conseguida en el actual Ciutat frente el Ibiza (1-0).

Ramón Sánchez-Pizjuán Sevilla Atlético LaLiga 1|2|3
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