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LUD 3-1 CCF

El Levante, intratable en el Ciutat

Levante UD: Raúl, Pedro López, Postigo, Chema, Rober Pier; Espinosa (Casadesús, m.52), Natxo Insa (Lerma, m.78), Campaña; Jason, Morales (Rubén, m.46) y Roger.

Córdoba CF: Razak, Antoñito, Héctor Rodas, Caro, Cisma, Bíttolo (Bergdich, m.70); Edu Ramos (Esteve, m.77); Caballero (Piovaccari, m.75), Javi Lara, Juli y Rodri.

Árbitro: De la Fuente Ramos (Comité castellano-leonés). Amonestó por el Levante a Roger y por el Córdoba a Razak y Javi Lara.

Goles: 1-0. M.11: Campaña. 1-1. M.33: Héctor Rodas. 2-1. M.66: Roger. 3-1. M.91: Jason.

El partido moría con el Levante tratando de ahogar a un Córdoba que rozaba la desesperación en pos de una igualada que nunca llegó. Y ya se sabe que la escuadra azulgrana se maneja con especial diligencia y atención en las distancias cortas; cuando se trata de resguardar resultados apretados se convierte en el paradigma del pragmatismo más absoluto. Y entonces surgió la potencia devastadora de Jason. El gallego encontró sentido a través del vértigo. Jason puso patas arriba el Ciutat de València con un movimiento desbocado que cerró con sapiencia. Quizás el partido demandara pausa y algo de sosiego para convertir el césped en una superficie glacial que aletargara las constantes vitales de la escuadra cordobesa, pero esa manera tan fría y burocrática de entender la disciplina del balón no entronca con Jason. Es un futbolista de sangre caliente y roza la efervescencia cuando toma contacto con el cuero. Así que lejos de atemperar el partido decidió agitarlo para excitar sus emociones. Quizás Jason se sienta inmune en un ejercicio ejemplar. El futbolista se pronunció en un continuado desafío a la caza del gol. Jason retó su propia fortaleza física y mental cuando la confrontación ya languidecía, fue dejando cenizas a su huracanado paso y concluyó con majestuosidad ante la meta califal tras asociarse con Víctor Casadesús. Jason quizás sienta la inmortalidad en un curso de raíz excelsa por cuestiones más que evidentes.

Fue un epílogo de considerables dimensiones a un partido de difícil gobierno en algunos instantes. Y es que por momentos nada de lo que acontecía sobre el verde del coliseo del barrio de Orriols era lo que parecía, o al menos lo que el sentido común parecía dictaminar, si bien es posible advertir que nada carece más de sentido común que la disciplina del balompié. El gol de Campaña, en un impecable lanzamiento de falta en la epifanía del partido, no mandó a galeras al Córdoba, ni tampoco generó un plus de sosiego para el propietario del feudo azulgrana, pese a que el cronómetro apenas si superaba el minuto diez. El líder perdió la ubicación en el terreno del juego y el Córdoba no se comportó con la timidez de un grupo que se siente desnortado después de un aluvión de resultados adversos, si bien muy posiblemente su talón de Aquiles radique en la endeblez defensiva que le convierte en una presa muy vulnerable.


Inclusive Héctor Rodas se proyectó por el área de Raúl decidió a demostrar que el fútbol puede ser algo inescrutable. Su alma de atacante emergió con una violenta volea inabarcable para el cancerbero azulgrana. La grada reconoció justamente la plasticidad de la diana. En ese punto del choque en el que el guion parecía totalmente alterado, para plasmar realidades alejadas al pensamiento inicial, el asistente de la tribuna había obviado un gol legal de Roger. Y Campaña chocó ante la pierna de Razac en una acción de tiralíneas. El Córdoba sufría si el Levante imprimía velocidad a sus manifestaciones. Pudo romper el partido el Levante y se sintió desdichado y desprotegido en la recta definitiva del primer capítulo. Y no es un mero contrasentido. Por momentos perdió de vista el balón para caer preso de la desidia y se sintió exigido y atenazado por un colectivo que fue ganando en autoestima y que lo fue recluyendo sobre el área de Raúl.

No obstante, el plan varió en la reanudación. Muñiz actuó con la precisión de un cirujano para variar la fisonomía del bloque con la aparición de Rubén y Casadesús. El atacante balear reivindicó su imagen con sendas asistencias capitales que plasmaron la remontada. Fueron dos notas celestiales que transformaron Roger y Jason. El Pistolero vengó la afrenta del gol anulado con una diana que singulariza sus características. Parece inabordable cuando se aventura por las cercanías de la portería contraria. Roger notaba el aliento del defensor sobre su cogote, pero ese aspecto puede ser secundario. La diana aunó potencia en la carrera y clarividencia en el golpeo definitivo. Fuerza y definición. El esférico se estrelló en el palo, pero besó la red. La fiabilidad de Roger resulta conmovedora. Su persistencia ante Razac fue determinante en la fábrica del gol de Campaña y más tarde resolvió las dudas y la incertidumbre que generaba una confrontación de signo incierto. Roger sintetiza las coordenadas del Levante del presente. En sus botas hay energía, ímpetu, valor y determinación. Y como colofón surgió Jason para estremecer el Ciutat y demostrar que el líder sigue siendo intratable como local.

Ciutat de València Córdoba CF LaLiga 1|2|3

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