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Paredes, memoria de gol en tiempos de derbi

Esta semana, con motivo del derbi oficial entre el Levante y el Valencia, Paredes capitaliza la exposición del Palco VIP del Ciutat de València.

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Comunicación

Esta semana, con motivo del derbi oficial entre el Levante y el Valencia, Paredes capitaliza la exposición del Palco VIP del Ciutat de València. La muestra reúne documentación original de su etapa como jugador granota: fichas federativas, contratos, fotografías inéditas y testimonios gráficos de su traspaso al Valencia. Piezas que narran el trayecto de un delantero que convirtió el área en territorio propio.

Paredes vuelve a calzarse las botas.

No saltará al verde del Ciutat, pero su memoria acentúa que hubo un tiempo en que el gol llevaba su nombre. Y en los derbis, la memoria también juega. Hacia mayo de 1960 Paredes era sinónimo de gol. No una simple metáfora. Era una certeza estadística y emocional. Había coronado el Grupo II Segunda División como máximo realizador con la camiseta del Levante. Veinticinco fogonazos que iluminaron la categoría de Plata y lo elevaron a la condición de pichichi.

Nada nuevo en una hoja de servicios marcada por su fecunda relación con las redes contrarias. El gol no se improvisa. Se lleva o no se lleva. Habita en el alma del futbolista. Para Paredes era una condición innata. Formaba parte de su esencia cada vez que saltaba al verde.

Las crónicas de la época dibujan un atacante mortífero en el interior del área. Allí se movía con naturalidad, como si ese espacio reducido fuese su propio ecosistema. En realidad, parecía un coloso de notables dimensiones entre defensores que parecían empequeñecerse cuando trataban de minimizar sus movimientos. Las botas de Paredes destilaban un veneno mortal. En cuatro temporadas dejó 75 cicatrices en las porterías rivales. El dígito le ubica en el Olimpo de los goleadores históricos.

De Albal a Vallejo

Nacido en Albal, aterrizó en el Levante en el verano de 1956 procedente del Gandía. En la ciudad Ducal había despuntado como prometedor anotador. En Vallejo confirmó su naturaleza.

Su aterrizaje coincide con un momento de recomposición institucional y deportiva. El Levante regresaba a Segunda División. La sociedad buscaba arraigar en la categoría. La estancia de Paredes coincidió con ese proceso de consolidación. El club echó raíces en la división de Plata y en el ejercicio 1958-1959 llegó incluso a disputar la Promoción de ascenso a Primera.

Ni siquiera la contratación de Faas Wilkes alteró su fecunda relación con el gol. No obstante, su rol experimentó un proceso de reconversión. Se alejó del epicentro del área, pero jamás perdió el instinto. Cambiaron los matices; no la esencia.

El mercado llama a la puerta

Hacia mayo de 1960 Paredes no era invisible en el cosmos del fútbol profesional. Su nombre resonaba sobre el parquet donde se pujaba por los killers del área. Ejercía una poderosa atracción en el ecosistema balompédico del momento.

El Valencia le había echado el guante. El acuerdo entre clubes quedó certificado en los primeros días de mayo de 1960. El final del curso 1959-1960 supuso el inicio de una nueva aventura en Primera División. Mestalla reclamaba su instinto.

Una curiosidad con sello granota

Convertido ya en futbolista del Valencia, Paredes defendió el escudo de la Selección Española B. Lo hizo como jugador valencianista, pero impulsado por los méritos adquiridos durante su última campaña en el Levante. Aquellos 25 goles en el curso 1959-1960 proyectaron su nombre hacia la órbita internacional.