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Levante UD

Vallejo vuelve a la memoria en su segunda visita guiada con cerca de un centenar de aficionados

El entorno del antiguo Campo de Vallejo volvió a convertirse en un espacio de memoria compartida para el levantinismo y aficionados a la disciplina del balompié

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Patrimonio Histórico

El entorno del antiguo Campo de Vallejo volvió a convertirse en un espacio de memoria compartida para el levantinismo y aficionados a la disciplina del balompié. Vallejo volvió a resucitar para recuperar su efervescencia.

Cerca de un centenar de aficionados participaron en la segunda visita guiada impulsada por el Levante UD a través de su Área de Patrimonio Histórico. La actividad se enmarca dentro del programa del centenario del estadio. Una iniciativa que busca recuperar y reactivar el legado de Vallejo. El feudo de la calle de Alboraya fue inaugurado en 1925 y desapareció a finales de los años sesenta.

Segundo encuentro con la memoria

Tras la primera experiencia celebrada semanas atrás, el levantinismo volvió a responder. La convocatoria confirmó el interés por reencontrarse con los orígenes del club. 

Hay que consignar que Vallejo fue el escenario de las andanzas del Gimnástico entre 1925 y 1939. Más tarde acogería a la naciente Unión Deportiva Levante-Gimnástico y al Levante UD a partir de 1941.

Esta segunda visita no solo da continuidad al proyecto. También consolida a Vallejo como punto de encuentro entre historia, ciudad y afición.

 

Recordar un espacio que ya no está

El itinerario permitió reconstruir, de forma guiada, la antigua fisonomía del estadio. Un ejercicio de imaginación y de interpretación sobre el actual paisaje urbano de Valencia.

Desde el entorno del Portal de Vallejo hasta las calles que delimitaban el campo, el recorrido devolvió sentido a espacios cotidianos en la historia particular del feudo de Vallejo.

Se trata de resucitar lugares que un día formaron parte de la vida del estadio.

 

Las huellas de Vallejo

Uno de los momentos más significativos fue volver a transitar el espacio que ocupaban la tribuna y las gradas de los fondos. No fue el único instante marcador por la emoción. Descubrir parte del muro que todavía persiste que separa Vallejo del Monasterio de San Cristóbal fue una experiencia sobre la que converge el presente y el pasado.

Estas imágenes permitieron a los asistentes situarse simbólicamente sobre el antiguo terreno de juego.

La ciudad actual se superpone a la memoria, pero no la borra.

 

Entre historia y emoción

Durante el recorrido se evocaron episodios vinculados al estadio y a su entorno. Desde su construcción en los años veinte hasta su progresiva integración en la trama urbana o el capítulo que significó la compra de Vallejo en los albores de los años cincuenta.

Vallejo reapareció a través de relatos, imágenes y recuerdos compartidos. No como un espacio perdido, sino como una realidad que todavía pervive en la memoria colectiva.

 

El latido que permanece

La visita concluyó cerrando el recorrido en el entorno del antiguo Portal de Vallejo ingresando desde la calle Poeta Bodría, un escenario que apenas si ha variado desde los años sesenta. Un final cargado de simbolismo que refuerza el sentido circular de la experiencia.

Vallejo ya no existe físicamente. Pero sigue siendo reconocible para quienes lo buscan en la ciudad. Vallejo sigue latiendo.