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Michel concede tres puntazos en Getafe

Atención, la fecha de publicación de esta noticia es: 21/10/2012 14:57h.


El partido parecía condenado cuando faltaban cuatro minutos para su definitivo ocaso. Quizás era el momento para que las dos escuadras extrajeran la calculadora con el fin de firmar un armisticio; un pacto de no agresión que garantizara la suma de un punto en un partido de color grisáceo. Atrás quedaban los mejores momentos de cada uno de los contendientes. Munúa adquirió protagonismo y notoriedad. Durante cinco minutos resistió el pertinaz asedio azulón. Moyà respondió con elasticidad las intentonas de Pedro Ríos. Todo parecía pautado, pero en realidad nada estaba programado en ese instante de la cita. Por el terreno de juego pululaba Michel; un futbolista que es capaz de todo cuando entra en contacto con el esférico. No hay diques que aprisionen su imaginación. Y parece que no tiene límites. Y el mediapunta trataba de redimirse de una acción en la que no fue capaz de asociarse con Martins cuando el atacante amenzaba con quedarse sin mayor oposición que Moyà. Todo el levantinismo le juzgó con severidad. Y entonces encontró un balón que no llevaba consignatario. En milésimas de segundo varió de raíz la configuración de la confrontación. Del cielo caían lágrimas cuando Michel sometió a Moyà con una espectacular parábola que acarició la red del Getafe.



Tragedia y alegría. Así de contradictorio es el fútbol. El meta local estaba algo adelantado, sobre su posición inicial, y su vuelo resultó del todo infructuoso. Suele ocurrir en ocasiones que partidos sin un elevado contenido estético queden marcados por una jugada sobresaliente. Aunque parezca una terrible paradoja, en ocasiones, acontece este tipo de conclusión. Fue el caso. El Levante cerró un partido que no aventuraba un desenlace de tales características y sufre un rearme de moral en uno de los períodos más punzantes y álgidos de la temporada. El calendario es tan exigente como empinado entre el espacio acotado por el partido entre el Getafe y la llegada de las navidades. Se adivina una sucesión de encuentros de Liga, Copa y Europa League, con apariciones de transatlánticos de la talla del Real Madrid y Barcelona. Así que hay que no viene mal engordar el granero como medida preventiva ante las dificultades que se avecinan.



En cierto modo, el Levante alivió su psique sobre el verde del Coliseum Alfonso Pérez. Su diagrama de rentabilidad de la presente temporada confirmaba los dos perfiles antitéticos que mostraba en función de su condición de local y visitante. Inmaculado, aristado y perseverante en los márgenes del Ciutat de València, acumulaba heridas y borrones como foráneo. Las dudas surgidas eran razonables. Getafe se convertía en una prueba compleja ante el caudal de juego mostrado por el propietario del feudo getafense. El día amaneció entre brumas y esa tendencia marcó la evolución del partido. Juan Ignacio no varió el diseño del equipo que hizo claudicar al Valencia en el derbi valenciano. Los mismos protagonistas, un aspecto que acentúa la presencia de Ballesteros. El central derrochó compromiso y pundonor sobre el verde. Quizás el cólico nefrítico que sufrió en la noche del martes al miércoles le produjera un dolor más punzante que las acometidas de los atacantes azules. Su jerarquía es incuestionable y sus dotes de mando más que evidentes. Es mucho más que un simple jugador que se ciñe la camiseta azulgrana en partido oficial. Es parte de la esencia del actual Levante, una especie de general.



La escuadra blaugrana recuperó la imagen que mostró durante buena parte de la pasada campaña. Es un bloque imperturbable e incorruptible. Los pupilos de Juan Ignacio ordenaron sus piezas metodicamente sobre el campo y apelaron a la paciencia para encontrar la ruta hacia la meta de Moyà. Con esa propuesta se siente cómodo. La primera parte transitó sin apenas sobresaltos desde un prisma defensivo. Únicamente Pedro León pareció poner en entredicho la rocosidad de la retaguardia granota después de una diagonal mortífera que le llevó hasta Munúa. Pedro León no contó con la presencia de Diop, un futbolista que más que piernas tiene dos poderosos imanes para atraer el cuero. En la reanudación, las tornas no cambiaron en exceso. El Getafe experimentó un impulso en la zona intermedia de esa fase. No obstante, apareció Munúa en su versión más poliédrica para restaurar el orden anterior. Munúa voló por el cielo de Getafe para guarecer su meta.



Juan Ignacio movió con sutileza el banquillo. Los réditos no tardaron en trasladarse al tapete verde. Pedro Ríos partió desde el costado derecho para probar los reflejos de Moyà. Después se asoció con Pedro López para alimentar las dudas de la defensa local. Michel y Rubén concedieron mayor movilidad y sobre todo una notable capacidad de sorpresa. Entre los dos gestaron el gol. No conviene fiarse de este Levante. Es capaz de crear una atmósfera que no se corresponde con los hechos que acontecen en el interior del campo. Posiblemente el Getafe lo hizo en los minutos finales. En cierto modo, el Levante ganó a su manera. No necesita mostrar excesivos argumentos para golpear a su oponente. El hecho habla bien de la calidad de sus jugadores. Michel lo demostró. Desde la nada fabricó una victoria revitalizadora.                   



Getafe: Moyá; Valera, Rafa, Abraham, Miguel Torres; Xavi Torres, Lacen; Pedro León, Lafita (Álvaro Vázquez, m. 60), Gavilán (Colunga, m. 76); y Paco Alcácer (Diego Castro, m. 60).



Levante: Munua; Pedro López, Ballesteros, Navarro, Juanfran; Iborra, Diop; El Zhar (Pedro Ríos, m. 62), Barkero (Míchel, m. 72), Juanlu (Rubén García, m. 72); y Martins.



Gol: 0-1. M. 86. Míchel, con un zapatazo desde 30 metros.



Árbitro: Pérez Montero. Amonestó a Rafa, Juanlu, Lafita, Juanfran y Ballesteros